Hace muchos años …

entré al grupo denominado Escatología en la Ciudad de México (a la derecha: la cornucopia es el logo oficial de Escatología). En esta bitácora estaré hablando sobre las enseñanzas del fundador, William Walter. Iniciaré mi crítica con una breve serie que remeda el título que Walter escogió para el primer curso de Escatología, “Pláticas Francas”:

1) La secta a la que caí

2) El deshonesto Walter

3) La muerte de los escatólogos

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Published in: on abril 10, 2019 at 5:21 pm  Dejar un comentario  

Mi primera clase en Escatología

Nota: A continuación reproduzco las páginas 86-89 del tercer libro de mi trilogía autobiográfica, que saldrá a la imprenta más tarde en este año. Para contextualizar el contenido de ese libro, sugeriría familiarizarse con mis previos dos tomos (véase la barra lateral de: este otro sitio).

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Dos grandes sucesos de diciembre de 1978 ayudan a entender cómo inició la noche oscura de mi alma. El primero acabo de confesarlo. El segundo fue mi ingreso a Escatología, la secta que había creado William Wilfred Walter.

Si mis padres no me hubieran fastidiado desde mi adolescencia, de ninguna manera habría entrado a una secta el año del Tezoquipazo. Pero fue precisamente porque, después del suceso de la Librería de Cristal, mis defensas cognitivas estaban más que bajas que escuché a quien jamás debí haber escuchado. Ese diciembre el cuñado del doctor Juan del Río Huidobro, Jaime Hall Huidobro (foto arriba), me había hablado maravilles de Escatología mostrándome, en su destartalado automóvil, el libro La Hoz que contenía la fotografía de Walter que aparece a la derecha.

—¡Un chingón! —me dijo con sobreabundante entusiasmo, y esa misma noche le creí.

Tuve mi primera clase formal de Escatología en la casa de Juan, ubicada en López Cotilla #1212 en la Colonia del Valle, no muy lejos del Parque de las Arboledas donde el previo año había conocido a su hijo Ricardo. Lo que vale la pena contar fue lo que ocurrió al final de la clase. Me parece que le había pedido que quería hablar con él a solas una vez terminada la clase, petición que concedió. En esa primera clase Juan nos había dictado el principio básico de Escatología: “El bien y la perfección lo comprenden todo. Soy vida, eternamente autosostenida, en armonía perfecta”, cosa que los estudiantes de Escatología resumen en su principal mantra: “Sólo el bien es real”.

Pues bien: precisamente debido a que ese dogma fundamental chocaba en grande con mis experiencias, le puse a Juan el ejemplo de un niño o bebé a quienes los adultos destruyen. Aunque yo había sido destruido no de niño sino de adolescente, era una referencia oblicua a mi tragedia personal, aunque no me atreví a hablar de mi caso. Al poner ese hipotético ejemplo se me nublaron los ojos, y Juan lo notó.

Uno podría pensar que era el momento idóneo para iniciar una comunicación sobre un problema que me había dejado no sólo fuera de la escuela, sino con unos complejos tan descomunales que, a esas alturas, me sucedían cosas como aquello de la Librería de Cristal. El dilema es que cuando uno entra a una secta, religión o incluso a una de las llamadas sicoterapias, quienes imparten sus terapias y doctrinas malentienden a la mente humana. A la víctima de la familia le dicen toda suerte de imbecilidades en tanto que, de lo que se trata, es de lucrar. Juan por ejemplo me hizo un comentario que, aunque de buen modo, mostró su grotesco autoencierro en el dogma de que sólo el bien es real. Al ver mis ojos llorosos y nudo en la garganta me dijo que, acaso, “un pensamiento equivocado” había cruzado por mi mentalidad. Entiéndase bien el aspecto psicótico de la secta de Walter. Si sólo el bien es real uno nunca debe de llorar o hablar de tragedias personales, en tanto que no existen. Son “sueños”, “ilusiones”, el mundo de “la apariencia” dicen los maestros de Escatología.

Pero es obvio que el mal existe. Aquello que hace cuarenta años de este día que escribo le quise transmitir a Juan, refuta el dogma principal de los escatólogos. Si los adultos son capaces de martirizar a un bebé, eso desmiente el dogma de William Walter. Así de simple, en tanto que ese acto no sólo muestra que el mal existe, sino que tampoco es cierto aquello que, en esa primera clase, también nos enseñó Juan: que la vida es individual y que cada mentalidad individual “es su propia causa”. ¡No existe tal cosa como causalidad exterior a la del individuo! Hablando en cristiano, para los escatólogos uno mismo es “árbitro de su propio destino” por usar las palabras de la mentora de Walter, Mary Baker Eddy. Pero si un bebé o un niño está a la merced de adultos depravados, los principales dogmas de Escatología se han venido abajo desde la primera clase del primer folleto del curso de Walter, llamado Platicas Francas.

Juan, obviamente, no lo vio así. Me salió con el increíble dislate de que, en el caso del hipotético niño o bebé del que yo hablaba, “también él tuvo responsabilidad” de su desgracia.

Ya hemos visto que en la Ciudad de Méjico, antes de la Conquista, se practicaba el sacrificio ritual de niños en unos meses específicos del Calendario Azteca. Si hay a quienes no se les puede culpar de la iniquidad de otros, son los niños. Pero, a fin de salvaguardar el dogma principal de Walter, Juan sugirió algo que considero no solamente psicótico—que el niño era responsable de que lo mataran—sino perverso: que el niño se lo buscó. Infortunadamente, mi cordura ya había sido socavada por mis padres y por desquiciantes experiencias como mi abortado encuentro en la Librería de Cristal. Necesitaba algo que me salvara. Pero a pesar de la desesperada necesidad de salvarse de ese chico semidestruido que fui, aún me encontraba más sano, cuerdo y plegado a la realidad que mi nuevo maestro. A pesar de ello, no traté de rebatir lo que Juan me había dicho en el comedor de su casa. Simplemente así terminó la primera clase de Escatología: con una crucifixión de la razón.

Jaime, el hermano de Raquel del Río, quien me había entusiasmado a entrar a la secta de su familia, había escuchado mi conversación privada con Juan después de la clase. Jaime estaba mucho muy interesado en mi caso, y luego se me acercó afectuosamente, como queriendo decirme algo adicional a lo que me había dicho Juan. Esos días yo estaba eufórico y radiante porque le había creído a la familia Del Río que ellos conocían la misma Ciencia de la Vida que ahora estudiaría como si fuera mi carrera.

La vida me desengañaría, y de manera cruel y despiadada. A finales del 78 jamás imaginé que mi ingreso a Escatología iba a empeorar mis problemas de forma descomunal.

Published in: on febrero 23, 2019 at 2:30 pm  Comments (5)  

La vida de Eddy

(Eddy de joven.) “El momento más misterioso de un hombre es aquel en que adquiere conciencia de su personalidad íntima; el momento más misterioso de la historia de la humanidad, es el del nacimiento de sus religiones”. Con tan profunda idea inicia Stefan Zweig su biografía sobre Mary Baker Eddy. Pero los escatólogos son gente tan ignorante que no sólo no se interesan en leer la biografía de Zweig. Tampoco se interesan en investigar la vida de William Walter—la verdadera biografía quiero decir, no los escuetos y rosados hechos sobre Walter que enseña la secta.

Quisiera invitar a aquellos visitantes de este sitio que se estén cuestionando cosas sobre Escatología, a que lean la segunda biografía del libro La curación por el espíritu (Mesmer, Mary Baker Eddy, Freud) de Zweig. Gran parte de lo que Zweig dice de Eddy y la Ciencia Cristiana es aplicable a Escatología por igual.

La cita de arriba está sacada del primer párrafo del primer capítulo de Zweig sobre la señora Eddy. Quisiera ahora citar el último párrafo de ese mismo capítulo:

Pero así como Don Quijote, en su ensoñadora exaltación, en su chiflada ignorancia, representa de una manera plástica, a pesar de todo y de todos, el idealismo del hidalgo hispano mucho mejor que todas las novelas de caballería de su tiempo escritas en serio, así también esta batalladora mujer, que lucha heroicamente por lo absurdo, nos enseña mejor a conocer el romanticismo americano mejor que todos los doctos documentos de un William James.

El PDF del libro de Zweig está disponible gratis en este sitio: aquí.

Published in: on febrero 10, 2019 at 1:19 pm  Dejar un comentario  

Pinturas de Jaime Hall

En vez de poner todas las pinturas del hermano de Coco del Río en una entrada, escojo dos. La de arriba la hizo a los doce años (¡1945!), seguramente imitando a su papá como yo imitaba al mío a una edad más temprana. La diferencia es que fui traumatizado e interrumpí el hobby. Jaime siguió pintando hasta que lo conocí.

Esta pintura por ejemplo la vi antes de que Jaime la terminara en su magnífico estudio del departamento de Torres Adalid. Le pregunté quién era y me respondió que yo era muy curioso. No era nadie en realidad; sólo un viejo porque su expresivo rostro le impresionaba según me llegó a decir. Hay más memorias sobre el día que vi, en el caballete, a esta segunda pintura pero no las recogeré acá.

Published in: on febrero 5, 2019 at 8:32 pm  Dejar un comentario  

Jesús de Nazaret no existió

Desde hace tiempo había abandonado mis estudios sobre las investigaciones que se le hacen al Nuevo Testamento. Pero a finales del año pasado sucedió un milagro en mi vida intelectual.

En los años ochenta vivía en San Rafael, California, en los Estados Unidos. Tremendamente influido por Escatología, creí en el trabajo de Morton Smith, exegeta no cristiano que publicó libros aventurando la hipótesis de que, como muchos charlatanes de la época, el Jesús histórico la hizo de taumaturgo. En California obtuve libros de Smith y de otros exegetas. Cuando regresé a México me enteré que la editorial Martínez Roca había traducido al castellano Jesus the magician: charlatan or son of God? de Smith, originalmente publicado en 1978.

En San Rafael sufrí una agonía tan terrible como la que Walter sufrió, como él nos lo confiesa en un capítulo de La Hoz (si alguien quiere conocer los pormenores de mi agonía, tendría que leer el final de mi libro autobiográfico). Mi larga estancia en California eran tiempos en que rompía con la creencia en la historicidad de las narrativas de los evangelios.

Desde que salí de la agonía (“mental warfare” le llamaba Walter en sus Common sense series) no había modificado mi opinión sobre el llamado “Jesús histórico” (para distinguirlo del fantasioso “Cristo del dogma” que hizo milagros y resucitó). Además de Smith, gracias a autores como Albert Schweitzer (En búsqueda del Jesús histórico es un clásico) y otros exegetas cuyos libros compré en San Rafael, me había quedado con la impresión de que, detrás de tanta leyenda neotestamentaria, se hallaba un sustrato biográfico del Jesús histórico.

Cual sería mi sorpresa cuando, a finales del año pasado, un irlandés me sugirió que viera un video de Richard Carrier en YouTube sobre por qué los Hechos de los Apóstoles que escribió el evangelista Lucas eran ficción literaria. No sólo vi ese video sino montones de otras conferencias de Carrier, al grado de animarme a comprar el libro que aparece en la imagen de la izquierda.

No resumiré los argumentos de Carrier, que he encontrado tan persuasivos que provocaron una conmoción en mi visión de Jesús como no había ocurrido en muchos años. Aquellos escatólogos hispanohablantes que entiendan el inglés hablado se harían un bien si escucharan algunas conferencias de Carrier (como: ésta). Claro que lo mejor sería leer su último libro, que lo obtuve vía Amazon Books.

Naturalmente, los hallazgos de Carrier no sólo tienen repercusiones sobre los dogmas de Walter, sino sobre el cristianismo en general.

Published in: on enero 9, 2019 at 7:03 pm  Dejar un comentario  

Soberbia

En mi blog en inglés un comentarista opinó hoy sobre uno de mis artículos con estas palabras: “Many are too proud to admit they’ve been duped” (‘Muchos son demasiado orgullosos para admitir que los embaucaron”). El contexto era una crítica al cristianismo, pero aquí puedo aplicarlo a la Escatología por igual.

¿Cuántos estudiantes de Escatología son tan humildes como para, después de los palos que les da la vida—como: éste—, abandonar los dogmas de Walter?

Published in: on noviembre 27, 2018 at 6:30 pm  Dejar un comentario  

Jaime Hall (1933-1996)

Jaime fue el único amigo que tuve en Escatología. (Este busto-autorretrato lo hizo él mismo, y ahora se encuentra en la casa de su viuda.)

Jaime murió en la Ciudad de México en diciembre de 1996, cuando yo trabajaba en Houston, Tejas. No me enteré de su deceso sino hasta que regresé a México.

Había sido él quien me invitó a estudiar Escatología a finales de 1978. Gran parte de la pasión que llegué a sentir por lo que entonces creía que era la misma Ciencia de la Vida, se lo debo a él. Pero tengo un problema al abordar mis interacciones con Jaime.

El caso es que tendría que contar montones de anécdotas para que se entendiera el contexto. Quien haya leído mis libros autobiográficos Hojas susurrantes y ¿Me ayudarás? sabría del contexto. Pero ese par de libros representan casi mil quinientas páginas de explicaciones, contexto que no puede llevarse a un blog como el presente.

La alternativa sería que comenzara a subir a este sitio mis memorias sobre mis experiencias en la secta, comenzando con anécdotas sobre cómo conocí a la familia Del Río, de la que ya he hablado en este sitio. Si hiciera eso—si convirtiera este blog en una serie de entradas autobiográficas a partir de 1977—, paso a paso comenzarían las piezas sueltas de un enorme rompecabezas a cobrar forma. ¿Pero valdría la pena?

Muy poca gente visita este sitio. Como he dicho, la gente prefiere las mentiras a las verdades. Veritas odium parit, la verdad que digo sobre Escatología causa odio no sólo en los Del Río, sino en aquellos que cayeron a la secta.

Al menos confesaré este día que Jaime nunca me entendió. No podía entenderme el hombre por el simple hecho de que la Escatología es una gran fantasía. Para entenderme, él habría tenido que abandonar los locos dogmas de la secta y ver al chico que fui como realmente era: una víctima de horribles maltratos en casa que me habían impedido hacer carrera.

Jaime nunca me vio como yo era por el simple hecho de que no apostató de dogmas escatológicos como aquello de que “la vida es individual” y que “uno es su propia causa”. Para una persona que se deja psicotizar con semejantes dogmas, la noción de una víctima de maltratos de sus padres simplemente no existe.

Para que Jaime me hubiera entendido debió antes de haber mandado a la goma todos los dogmas que se apoderaron de la familia de su hermana Coco. Sólo así habría estado libre para escuchar a su joven amigo, que se encontraba completamente marginado en la sociedad. Pero eso no sucedió.

Published in: on noviembre 17, 2018 at 4:59 pm  Comments (2)  

El igualitarismo de Juan

Walter nunca hizo pronunciamientos liberales en el sentido como el liberalismo se entiende hoy. Pero Juan del Río los hizo. En la página 173 de su libro de 1983, El pensamiento del bien, Juan escribió: “Y el requisito indispensable para la convivencia armoniosa y mutua ayuda entre los seres humanos, es una igualdad absoluta”. Y en el siguiente párrafo añadió que “todos los seres humanos somos iguales”.

En mi blog en inglés The West’s Darkest Hour destruyo esta mentira que nos viene de la Revolución Francesa, aunque tiene antecedentes cristianos con aquello de que “todos somos iguales ante los ojos de Dios”.

El principio de la igualdad ha llevado a Occidente a una folie en masse que actualmente padece prácticamente toda la gente de raza blanca, aunque en México también los mestizos la padecen. Es tal la psicosis masiva de los occidentales, y recordemos que México es una proyección de Occidente, que en la actualidad los transexuales se consideran “iguales” a la gente normal: moda que ya está llegando a México. En el vecino país del norte ya comienzan a ver como iguales a los pedófilos y hasta acuñaron una nueva palabrita para estigmatizar a quienes los critiquen: “pedófobos”. Antes acuñaron términos como “antisemitas”, “racistas”, “misóginos”, homófobos” e “islamófobos”. A pesar de que los ataques musulmanes matan constantemente a los nativos blancos en Europa, ¡se supone que es una fobia irracional tenerles miedo!

Juan, quien murió el primer año del nuevo siglo, no vio a su cultura deteriorarse tanto como está hoy día. Pero su ideología igualitaria en su primer libro de Aplicación Mental contiene el germen de la demencia que estamos viendo. Fue Alexis de Tocqueville quien dijo: “El deseo de igualdad se vuelve más y más insaciable mientras el igualitarismo incrementa” (De la démocratie en America, Vol. II, Paris: Gallimard, 1961, p. 193).

Lo que inició en el siglo XVIII como un ideal aparentemente noble de igualitarismo revolucionario, degeneró en el siglo XIX al acuñarse la palabra “antisemitismo” y aún más al otorgarle a la mujer el derecho al voto en un estado de la Unión Americana. Para mediados del siglo XX se le otorgaría la putativa igualdad a los negros y, ya en el siglo XXI a los homosexuales, a los transexuales y el último grito de la moda igualitaria: a los pedófilos.

El llamado igualitarismo es un cáncer que actualmente destruye a la raza blanca (Juan, por cierto, parecía un criollo puro). La verdad es que los hombres y sus culturas son desiguales. Todos los hombres son desiguales: en ninguna parte del mundo natural (y el hombre es parte de la naturaleza) existe algo “igual”. La igualdad no existe en la naturaleza; sólo en el mundo abstracto de las matemáticas y en las mentes de los delirantes blancos de hoy día, en tanto que antes de la Revolución Francesa nadie creía semejantes pendejadas.

Juan, por cierto, no creía que los homosexuales estaban sanos mentalmente, y creo que en este punto tenía razón. Pero como buen liberal que era, jamás se percató de que las razas no son iguales. Ni siquiera hombre y mujer de la misma raza son “iguales”. No por nada los torneos de ajedrez están divididos entre hombres y mujeres: estas últimas simplemente no pueden competir con el intelecto de los varones. Tampoco hay grandes maestros de ajedrez negros, que yo sepa.

Published in: on octubre 27, 2018 at 7:07 pm  Dejar un comentario  

La agonía de Walter

Ahora que he dejado de creer en las existencia de los poderes paranormales (como por ejemplo sanar una enfermedad por medios mentales), podría suponerse que creo que todo el legado de Walter es un castillo de naipes. Y en verdad lo es: pero no todo lo que puede leerse en sus escritos carece de valor, incluso para un apóstata como yo.

La confesión de Walter sobre la agonía que cruzó cuando abandonó el teísmo; esto es, la creencia en un Dios personal, es rescatable. Aparece en el capítulo “Experimentos y experiencias” de La Hoz, en las páginas 173-189 de la traducción al castellano (edición de 1974, impreso en México). Ahí Walter nos dice, hablando de sus propias experiencias: “La Sra. Eddy escribió la verdad cuando dijo: ‘Es grande la lucha con uno mismo’. Es más que eso, es tremenda”. Y en las siguientes páginas añadió:

Ciertamente fue terrible la lucha que sostuve en ese período, y deseando evitarles a otros buscadores sinceros esta crucifixión mental, escribiré claramente. [página 184]

Cuando Walter logró trasmutar en su mente la idea de Dios en sentido teísta a una suerte de panteísmo gracias a las primeras ediciones de Ciencia y Salud de Eddy—:

La carga de incertidumbre y confusión que había pesado sobre mi mentalidad como el plomo, se desvaneció… y llegó a mi conciencia una sensación de calma y paz como jamás la había experimentado. [página 185]

Que la idea del Dios cristiano en sentido teísta ha sido la mayor monstruosidad que cayó sobre Occidente desde Constantino, lo discuto en otro lugar.

Published in: on octubre 26, 2018 at 2:23 pm  Comments (2)  

Jaime del Río

Yo perdí muchos años de mi vida creyendo las doctrinas de Escatología: desde diciembre de 1978 en que entré a la secta, hasta mayo de 1995 cuando, por primera vez en la vida, dudé de la existencia de los poderes paranormales.

Gran parte de esa perdición se debe, como dije en una de mis previas entradas, a que la gente prefiere las mentiras a las verdades; y estas últimas, como no venden, no pueden accederse fácilmente en el mercado de las ideas.

Me explico. De haber habido internet y un sitio como éste desde el año del 78 ¡muchas de mis mejores primaveras no las habría perdido! No sólo no había nada por escrito que criticara a la secta en que había caído, sino ni siquiera conocí a alguien que criticara a Walter. Consideremos la fotografía de abajo por ejemplo, en que aparezco casi a la extrema izquierda, hasta arriba. Jaime del Río está señalado con la flecha.

Jaime es el sobrino de Juan del Río. Por cierto, en la foto hasta se parece al Juan que conocí ¡aunque mucho más joven!

Son la generación de la preparatoria Madrid de 1976. Aunque aparezco, no pertenezco a esa generación en tanto que la directora Alicia me expulsó al reprobar quinto año en 1975 y, de hecho, no terminaría la preparatoria ni en los siguientes años. (El maltrato en el hogar ya había destruido internamente, a esas alturas, al adolescente que fui.)

Pues bien: esa foto nos la tomaron en 2006, en el treinta aniversario de la graduación de mis ex compañeros (repito: no de mi graduación). Unos años antes de que nos tomaran la foto, Jaime le comentó a una de las compañeras que también aparece en la foto (omitiré su nombre) que su tío Juan “Está re loco” según la ex compañera me contó.

En esa reunión de 2006 intercambié tarjetas de presentación con algunos de los ex compañeros, incluyendo Jaime. Una vez en casa, le envié una liga a un ensayo que incluyo acá: una versión más primitiva que había publicado en Blogger. Jaime no respondió el mail que le envié el mismo año que nos sacaron la foto. Esperé algún tiempo y le envié otro.

Silencio…

Jaime del Río ilustra lo que quiero decir. Si bien tenía noción de que su tío estaba “re loco” por creer en los dogmas de Walter, por lealtad familiar le ofendía que otro dijera algo similar, aunque de manera más elaborada, como el ensayo del que le llamé su atención.

Juan ya había muerto cuando vi a Jaime en la reunión del Madrid. Si Jaime tuviera honor, habría dejado sus lealtades familiares y habríamos concertado una cita en un café a hablar sobre cómo las doctrinas de Juan me habían robado decenios de mi vida.

Pero eso no ocurrió. Como nadie quiere tocar el tema oralmente de los daños que causa Escatología, decido tocarlo solo, aunque sea a través de este humilde blog.

Published in: on octubre 21, 2018 at 1:16 am  Dejar un comentario