Notas

Tanto las razones como el escogido orden de capítulos–comenzando por el final–que me mueven a traducir la trilogía del profesor Kevin B. MacDonald aparecen en mi primera entrada.



La cultura de la crítica:
Un análisis evolutivo de la participación judía
en los movimientos intelectuales y políticos
del siglo XX

©1998, 2002 Kevin MacDonald
Todos los derechos reservados
Traducción con el permiso del autor



Notas

1. Los comentarios de McConnell fueron hechos en una discusión a través de Internet en septiembre 30 de 2001.

2. Esta lista está basada en diversas fuentes: Editors of Fortune (1936); To Bigotry No Sanction: A Documented Analysis of Anti-Semitic Propaganda, un texto del Concilio Anti-difamación de Filadelfia y el Comité Americano Judío. Philadelphia: Philadelphia Anti-Defamation Council (1941); Gabler 1988; Kantor 1982.

3. Ben Hecht, un prominente guionista de Hollywood y declarado sionista, incluyó ideas a favor de la intervención en películas de su tiempo (Authors Calendar). Por ejemplo, en Angels over Broadway (1940), Hecht hace que el personaje Douglas Fairbanks Jr. pregunte: “¿Qué les pasó a los polacos, los finlandeses y a los holandeses? Son pequeñas criaturas. No ganaron.” Rita Hayworth responde, “Lo harán algún día.” Hecht también realizó algunos añadidos que no aparecen en los créditos a la película Foreign Correspondent (1940) de Alfred Hitchcock. Cuando le preguntaron a Hitchcock sobre el mensaje antinazi y probritánico, contestó que todo había sido obra de Walter Wanger y de Ben Hecht (Wanger también era judío; su nombre de nacimiento era Feuchtwanger). En la película un personaje dice: “Mantén prendido ese fuego, cúbrelo con acero, constrúyelo con las armas, construye una flota de barcos y, alrededor de ellos y Estados Unidos, aeroplanos de batalla. Estados Unidos: Mantén esas luces, son las únicas luces del mundo”.

4. La única excepción en años recientes—aunque relativamente menor—fue la columna de 1990 de Pat Buchanan en que se refirió a “la esquina amén” de Israel en unos Estados Unidos que promovían la guerra con Irak. (Por cierto, el Comité de Relaciones Americanas-Israelíes has estado cabildeando en el Congreso detrás de las cámaras para declararle la guerra a Irak [Sobran 1999]). Escribiendo en Wall Street Journal, Norman Podhoretz, antiguo editor de Commentary, rápidamente etiquetó a Buchanan de “antisemita” sin sentir necesidad de abordar la cuestión de si los judíos americanos estaban realmente presionando para una guerra contra Irak a fin de beneficiar a Israel. Como en el caso de las declaraciones de Lindbergh medio siglo antes, la verdad es irrelevante. Aunque este incidente no ha alterado el tabú de discutir los intereses judíos de la misma manera que es común discutir los intereses de otros grupos étnicos, resultó en un problema de largo alcance para la carrera política de Buchanan. Cuando éste corrió para presidente de los EE.UU. en 2000, un columnista hostil escribió en un prominente diario judío: “Fuera de las alcantarillas y dentro de la porquería intestinal, Patrick J. Buchanan, un neonazi, ha gateado en la arena política usando el antisemitismo como su vehículo principal para asegurarse un futuro a sí mismo” (Adelson 1999). El columnista llegó a aseverar que Buchanan “siempre fue un neonazi” y que eso “revela la calidad superficial de su mente torturada, enferma y defectiva”.

Por si fuera poco, Alan Dershowitz (1999) escribió: “No nos engañemos. Pat Buchanan es el clásico antisemita con tendencias fascistas que odia a Israel y ama a los criminales nazis de la guerra”. El ejemplo ilustra que los judíos continúan ejerciendo inmensa presión, incluyendo tácticas difamatorias, para mantener los intereses judíos fuera de los límites de la discusión política en Norteamérica. Como con Lindbergh en la previa generación, la experiencia de Buchanan has sido un duro recordatorio a los políticos que osen hablar de los intereses judíos en un debate público. Buchanan quedó completamente marginalizado en el Partido Republicano y, eventualmente, lo dejó por un espectacular fracaso cuando corrió para presidente en el Partido Reformista de 2000.

5. En una conversación con su esposa en noviembre 24 de 1941, Charles Lindbergh fue pesimista sobre el establecimiento de un estado judío:

C[harles] y yo discutimos acerca de un artículo en el periódico, un discurso de un rabí en una conferencia judía en donde dijo que la primer cosa que debe hacerse en la mesa de negociaciones después de la guerra es que una gran indemnización habría que pagarse a los judíos por sus sufrimientos. También habló acerca de tener un pedazo de tierra propio —algo con lo que simpatizo… [C.] dice que no es tan simple. ¿Qué tierra vas a tomar?… Él es muy pesimista; cree que no se resolverá sin grandes sufrimientos. (A. M. Lindbergh 1980, 239)

6. Lo siguiente está basado en el estudio de Bendersky (2000, 2–46) sobre los militares de Estados Unidos pero es representativo de las actitudes comúnmente mantenidas a principios del siglo XX.

7. “Reform Judaism Nears a Guide to Conversion.” New York Times, June 27, 2001.

8. La presión judía para alterar las actitudes tradicionales de la iglesia católica sobre la responsabilidad judía sobre el deicidio se cuentan en Lacouture (1995, 440–458) y en Roddy (1966). El Papa Juan XXIII borró la referencia a los “pérfidos judíos” de la liturgia de la Semana Santa (Lacouture 1995, 448). Luego solicitó la opinión de los 2,594 obispos del mundo acerca de las relaciones de la Iglesia con los judíos. Virtualmente todos contestaron que querían mantener el status quo. El Papa quedó “amargamente desilusionado por esta respuesta del episcopado” (pág. 449).

9. Burton, M. L., Moore, C. C., Whiting, J. W. M., & Romney, A. K. (1996). Regions based on social structure. Current Anthropology, 37: 87–123.

10. Laslett (1983) elabora esta diferencia básica para incluir las cuatro variantes que van de Occidente hasta el Oriente: pasando por el Occidente central o medio y el Mediterráneo.

11. Burton, M. L., Moore, C. C., Whiting, J. W. M., & Romney, A. K. (1996). Regions based on social structure. Current Anthropology, 37: 87–123.

12. Barfield, T. J. (1993). The Nomadic Alternative. Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall.

13. El apoyo a esta clasificación proviene de varios lugares de mi trilogía sobre el judaísmo y, a su vez, depende del trabajo de muchos estudiosos. Además de las fuentes de este prefacio, se debe de tomar nota de los siguiente. Historia evolutiva: MacDonald 1994, cap. 8; prácticas matrimoniales: MacDonald 1994 (caps. 3 y 8); psicología del matrimonio: CdeC (caps. 4, 8); posición de las mujeres: CdeC (cap. 4); actitud hacia los grupos extranjeros: MacDonald 1994 (cap. 8), MacDonald 1998a (cap. 1); estructura social: MacDonald 1994 (cap. 8), MacDonald 1998ª (caps. 1, 3–5), CdeC (caps. 6, 8, y passim como característica de los movimientos intelectuales judíos); socialización: MacDonald 1994 (cap. 7), CdeC (cap. 5); postura intelectual: MacDonald 1994 (cap. 7), CdeC (cap. 6 y passim); postura moral: MacDonald 1994 (cap. 6), CdeC (cap. 8).

14. Grossman y otros y Sagi y otros, en I. Bretherton & E. Waters (eds.), Growing Points in Attachment Theory and Research. Monographs for the Society for Research in Child Development, 50(1–2), 233–275.

Sagi y otros sugieren que las diferencias de temperamento manifiestas en la ansiedad por los extraños pueden ser importantes debido a la inusual intensidad de las reacciones de muchos de los infantes israelíes. Las pruebas solían interrumpirse por el lloriqueo intenso de los infantes. Sagi y otros encontraron este patrón entre tanto quienes fueron criados en kibbutz como quienes lo fueron en ciudades, aunque con menor intensidad en el segundo caso. Sin embargo, los infantes criados en las ciudades fueron sometidos a diversas condiciones de prueba. No se les sometió a pruebas previas en los episodios de socialización con un extraño. Sagi y otros sugieren que tales pruebas podrían haber intensificado las reacciones hacia los extraños entre los bebés criados en kibbutz, aunque notan que esas pruebas preliminares no tienen este efecto en los casos de los infantes en Suecia y en los Estados Unidos. Esto denota una vez más la diferencia entre los casos israelíes y los europeos.

15. Una diferencia halájica se refiere a la distinción basada en la ley religiosa judía.

16. El siguiente comentario ilustra las diferentes posturas mentales que muchos americanos, quienes se identifican fuertemente como judíos, tienen hacia Estados Unidos versus Israel:

Mientras caminaba por las calles de Jerusalén, sentí a mi identidad judía como lo primero y más importante sobre la autodeterminación y, por extensión, la seguridad y el poder que deviene al tener su propio estado. Me siento muy bien en Israel viendo a los soldados parados con metralletas y saber que incluso un buen número de civiles a mi alrededor posiblemente portan armas. El evento seminal en mi conciencia sionista, a pesar de haber nacido después de 1967 y de haber tenido serias dudas sobre el control de Israel sobre otros territorios, fue la dramática victoria del ejército judío en la Guerra de los Seis Días.

Ponme en Nueva York, y de pronto la Asociación Americana del Rifle simboliza la parte oscura de este país. Es como si mi subconsciente supiera instintivamente que al momento en que aterrizamos en el Aeropuerto JFK ha llegado la hora de sacar esas imágenes de soldados israelíes tomando control de la Vieja Ciudad de Jerusalén; de Moshe Dayan parado en el Muro Occidental, y reemplazarlos con la fotografía familiar del Rabí Abraham Joshua Heschel marchando al lado del Rev. Martin Luther King Jr. (A. Eden, “Liberalism in Diaspora.” The Forward, Sept. 21, 2001.)

17. http://www.adl.org/presrele/dirab%5F41/3396%5F41.asp

18. Jerusalem Post, marzo 5, 2001.

19. Ver p. ej., el Reporte Político de ADL sobre los prospectos legislativos de la inmigración en la administración de George W. Bush y el Congreso 107.

20. En: S. S. Boyle (2001). The Betrayal of Palestine: The Story of George Antonius. Boulder, CO: Westview Press, pág. 160. Como lo cuenta Boyle, Sheean fue contratado por la publicación sionista New Palestine en 1929 para escribir sobre el progreso del sionismo en ese país. Fue a Palestina, y, después de estudiar la situación, regresó el dinero que los sionistas le habían pagado.

Entonces escribió un libro (Personal History; New York: Literary Guild Country Life Press, 1935)—agotado hace mucho—describiendo sus impresiones negativas de los sionistas. Notó, por ejemplo, “cómo nunca admitían que nadie que estuviera en desacuerdo con ellos fuera honesto” (pág. 160). Este comentario refleja la exclusión autoritaria hacia los disidentes como característica de los movimientos judíos políticos e intelectuales en CdeC (cap. 6).

Su libro fue un fracaso comercial y silenciosamente fue olvidado. El tema del libro de Boyle, George Antonius, fue un árabe griego ortodoxo en lo que hoy es Líbano. Su libro, The Arab Awakening (Londres: Hamish Hamilton, 1938) presentó el caso árabe en la disputa palestina-sionista. Los apéndices de su libro incluyen la correspondencia del 24 de octubre de 1915 entre Sharif Hussein (quien autorizó la revuelta árabe contra los turcos) y Henry McMahon, el Alto Comisionado Británico en Egipto. La correspondencia muestra que se les prometió a los árabes independencia en toda el área (Palestina incluida) después de la guerra.

En los apéndices también está el Memorando de Hogarth de enero de 1918 y la Declaración de los Siete del 16 de junio de 1918, ambos de los cuales aseguraban a los árabes que Inglaterra cumpliría sus promesas cuando a los árabes les preocupó la Declaración Balfour. El Reino Unido mantuvo como clasificados a estos documentos hasta que Antonius los publicara en The Arab Awakening. Los sionistas británicos del Mando Administrativo expulsaron a Antonius, quien murió empobrecido.

21. Daily Pilot, Newport Beach/ Costa Mesa, California, feb. 28, 2000.

22. “Project Reminds Young Jews of Heritage.” The Washington Post, enero 17, 2000, pág. A19.

23. Steinlight atenúa estas declaraciones al notar la dedicación judía al universalismo moral, incluyendo la atracción al marxismo tan característica de los judíos a lo largo de la mayor parte del siglo XX. Sin embargo, como se indicó en el capítulo 3, la dedicación judía al universalismo de izquierda siempre fue condicionado sobre si se percibía que tal universalismo se conformaba a los intereses judíos, cuando frecuentemente ha funcionado poco más que como un arma contra los lazos tradicionales de las sociedades occidentales.

24. A inicios de los años cincuenta Stalin parece haber planeado deportar a los judíos a un área en la Siberia occidental, pero murió antes de que el proyecto iniciara. Durante la ocupación de Polonia en 1940 los soviéticos deportaron a judíos que se refugiaban en la Polonia occidental ocupada por los nazis. Sin embargo, esta acción no fue antijudía como tal porque no involucró a los judíos de la Unión Soviética o de Polonia oriental. La deportación fue más bien el resultado de los temores de Stalin de que nadie estuviera expuesto a la influencia occidental.

25. Taylor, S. J. (1990). Stalin’s Apologist, Walter Duranty: The New York Times’s Man in Moscow. New York: Oxford University Press; R. Radosh (2000). From Walter Duranty to Victor Navasky: The New York Times’ Love Affair with Communism. FrontPage Magazine.com, octubre 26; W. L. Anderson (2001), The New York Times Missed the Wrong Missed Story, noviembre 17, 2001. El artículo de Radosh muestra que la simpatía del Times por el comunismo continúa hasta el presente. El Times nunca ha renunciado al Premio Pulitzer que le dieron a Walter Duranty por su cobertura del Plan de los Cinco Años de Stalin.

26. Hamilton, D. (2000). “Keeper of the Flame: A Blacklist Survivor.” Los Angeles. Times, octubre 3.

27. Véase [aquí MacDonald incluye un enlace de internet que actualmente ya ha fenecido].

28. Discusiones sobre la propiedad judía de los medios incluye: Ginsberg 1993, 1; Kotkin 1993, 61; Silberman 1985, 147.

29. [Aquí MacDonald incluye un enlace de internet que actualmente ya ha fenecido.]

30. The Forward, abril 27, 2001, págs. 1, 9.

31. The Forward, noviembre 14, 1997, pág. 14.

32. Una excepción parcial es la Washington Post Co. Hasta su reciente muerte, el Washington Post era dirigido por Katherine Meyer Graham, hija de Eugene Meyer, quien compró el periódico en los años treintas. La Sra. Graham tenía un padre judío y una madre cristiana. Fue educada como feligresa de la iglesia Episcopal. El esposo de Katherine, antiguo editor del Post, Phil Graham, no era judío. Desde 1991 el editor del Post ha sido Donald Graham, hijo de Katherine y Phil Graham. Este influyente grupo editorial era pues menos judío étnicamente que los otros mencionados aquí. El Washington Post Co. tiene otras empresas editoriales (los periódicos Gazette, incluyendo once publicaciones militares), estaciones de televisión y revistas, entre las cuales la más notable es la revista que se vende en segundo lugar en el país, Newsweek. Las diversas filiales del Washington Post Co. alcanzan un total de aproximadamente 7 millones de hogares, y su servicio de cable, Cable One, tiene 635,000 subscriptores. En una filial conjunta con el New York Times, el Post publica International Herald Tribune, el diario en inglés más ampliamente distribuido del mundo.

33. [Aquí MacDonald incluye un enlace de internet que actualmente ya ha fenecido.]

34. Cones (1997) provee un análisis similar:

Este análisis de las películas de Hollywood con temas o personajes religiosos revelan que en las últimas cuatro décadas Hollywood ha representado a los cristianos como sexualmente rígidos, sectarios adoradores del diablo hablando a Dios, perturbados, hipócritas, fanáticos, psicóticos, deshonestos, sospechosos de asesinato, espiritualistas falsos, fanáticos de la Biblia, niños de escuela católicos obsesivos y sin control, Adán y Eva como peones en un juego entre Dios y el diablo, una monja desequilibrada acusada de matar a un recién nacido, tontos, manipuladores, fuera de ley, neuróticos, mentalmente desequilibrados y sin escrúpulos, destructores, de vocabulario soez, fraudulentos e inventores de milagros.

Pocas (si es que alguna) representaciones positivas de cristianos se hallan en las películas de Hollywood que se han estrenado en las últimas cuatro décadas.

35. Republicado en New York Times mayo 27, 1996.

36. James Ron, “Is Ariel Sharon Israel’s Milosevic?” Los Angeles Times, febrero 5, 2001.

37. Del Reporte del Comité Kahan (www.mfa.gov.il/mfa/go.asp?MFAH0ign0):

Debemos señalar aquí que llama la atención que el Secretario de Defensa no estuviera al tanto de la decisión de hacer que los falangistas entraban a los campamento. Es nuestro punto de vista que la responsabilidad sea imputada al Secretario de Defensa por no haber tomado en consideración el peligro de actos de venganza y derramamiento de sangre por los falangistas en contra de la población de los campos de refugiados, y por haber fallando en tomar el peligro en consideración cuando decidió que los falangistas entraran. Además, se imputa responsabilidad al Secretario de Defensa por no haber ordenado las medidas apropiadas para prevenir o reducir el peligro de una masacre como condición de la entrada falangista a los campamentos.

Estos garrafales errores constituyen el no cumplimiento del deber con que la Secretaría de Defensa fue acusada.

38. Yossi Klein Halevi, “Sharon has learned from his mistakes.” Los Angeles Times, febrero 7, 2001.

39. Washington Post, julio 3, 2001; Los Angeles Times, octubre 18, 2001.

40. Las organizaciones judías también han sido fuertes partidarias de promover legislación sobre “crímenes de odio”. Por ejemplo, en 1997 la ADL publicó Hate Crimes: ADL Blueprint for Action, la cual incluye recomendaciones sobre estrategias sobre cómo prevenir y responder a crímenes de violencia étnica. Entre sus recomendaciones se proponen leyes más severas; entrenamiento para policías y militares; seguridad para instituciones comunitarias, e iniciativas en contra de los prejuicios. En junio de 2001 la ADL anunció un programa diseñado a apoyar a la policía en su lucha en contra de “grupos extremistas y de odio”. Un importante componente de la Iniciativa del Cumplimiento de la Ley es la propuesta para entender mejor los crímenes de odio; el extremismo, y programas anti-prejuicios.

41. SWC, información de prensa, julio 15, 1999; http://www.wiesenthal.com.

42. P. ej., SWC, información de prensa, noviembre 29, 1999; enero 26, 2001; http://www.wiesenthal.com.

43. ADL, comunicado de prensa, septiembre, 14, 1999; http://www.adl.org.

44. AFP Agencia Mundial de Noticias, abril 4, 2001; http://www.afp.com.

45. ADL, comunicado de prensa, agosto 22, 1996; http://www.adl.org.

46. C. Wolf. Racists, Bigots and the Law on the Internet. http://www.adl.org.

47. Ibídem.

48. Como se dijo en SAID (pág. 261), el propósito del AJCommittee de poner a los judíos como no sobrerrepresentados en los movimientos radicales involucró engaño y quizá autoengaño. El AJCommittee dedicó muchos esfuerzos para cambiar la opinión dentro de la comunidad judía al intentar mostrar que los intereses judíos eran más compatibles con la promoción de la democracia americana que con el comunismo soviético (p. ej., enfatizando el antisemitismo soviético y el apoyo soviético a las naciones que se opusieron a Israel en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial) (Cohen 1972, 347ss).

49. Mientras crecía el antisemitismo en el período Weimar, los periódicos que eran propiedad judía comenzaron a sufrir penurias económicas debido a la hostilidad pública sobre la composición étnica de quienes componían las mesas directivas y editoriales (Mosse 1987, 371). La respuesta de Hans Lachman-Mosse fue “despolitizar” sus periódicos despidiendo a un gran número de editores judíos y corresponsales. Eksteins (1975, 229) sugiere que la respuesta fue un intento de desviar las categorizaciones de derecha de sus periódicos como parte de la Judenpresse.

50. Un reciente y quizá trivial ejemplo de este tipo de guerra étnica es la popular película Addams Family Valuesi, estrenada en noviembre de 1993; producida por Scott Rudin, dirigida por Barry Sonnenfeld y escrita por Paul Rudnick.

Los malos de la película son virtualmente todos con cabello rubio (con la excepción de un niño gordo), y los buenos incluyen dos niños judíos con kipás. (Por cierto, tener cabello rubio se ve como una patología, de manera que cuando el bebé Addams de cabello oscuro temporalmente se vuelve rubio, hay una crisis familiar.) El niño judío se representa con cabello oscuro, usa lentes, y físicamente parece frágil y no atlético; frecuentemente hace comentarios precoces e inteligentes, y es severamente castigado por los adultos güeros por leer un libro altamente intelectual.

Los malvados niños gentiles son lo opuesto: rubios, atléticos, y nada intelectuales. Junto con otros niños de cabello oscuro de varios grupos étnicos y niños gentiles rechazados por sus compañeritos (por su gordura, etc.), el niño judío y la familia de niños Addams encabezan un movimiento muy violento que tiene éxito en destruir al enemigo rubio. La película es una parábola que ilustra el impacto general de la actividad judía tanto intelectual como en acción política en lo que se refiere a la inmigración y al multiculturalismo en las sociedades occidentales (véase el capítulo 7).

También es consistente con el impacto general de las películas de Hollywood. SAID (cap. 2) reseña la información sobre el dominio judío en la industria del entretenimiento en los Estados Unidos. Powers, Rothman y Rothman (1996, 207) caracterizan a la televisión como proveedora de valores liberales y cosmopolitas, y Lichter, Lichter y Rothman (1994, 251) creen que la televisión pone al pluralismo cultural en términos positivos: un pluralismo situado aparte de las actividades de unos cuantos ignorantes o prejuiciosos malhechores.

51. Heller combina la crítica social con una fuerte identidad judía. En una plática descrita en The Economist (marzo 18, 1995, pág. 92), Heller es citada diciendo: “el ser judía me informa sobre todo lo que hago. Mis libros se convierten cada vez más judíos”.

52. Las elipsis dicen lo siguiente:

“La destrucción del principio semítico, la extirpación de la religión judía, sea en su forma mosaica o cristiana; la igualdad natural del hombre y la abrogación de la propiedad, son proclamados por las sociedades secretas que forman gobiernos provisionales, y hombres de raza judía se encuentran a la cabeza de cada una de ellas”.

Rather (1986) observa que los antisemitas que creían en conspiraciones judías frecuentemente citan ese pasaje, así como los Protocolos, al fundamentar sus teorías. También señala, citando a Roberts (1972), que la visión de Disraeli que los eventos están controlados por vastas conspiraciones internacionales era un lugar común en el siglo XIX. Rather relaciona estas creencias con la sociedad secreta al centro del movimiento sicoanalítico (véase cap. 4) así como con una sociedad secreta llamada “los hijos de Moshe” organizada por el sionista Ahad Ha’am (Asher Ginsberg), cuyo trabajo se discute en SAID (cap. 5).

53. Este pasaje es invocado por Lucien Wolf, secretario del Comité Extranjero Conjunto de la Mesa de Directores de la Asociación Anglo-Judía, para racionalizar el apoyo judío a los movimientos revolucionarios rusos (véase Szajkowski 1967, 9).

54. La ideología del Nuevo Cristiano implica que los miembros de un grupo altamente cohesivo y económicamente exitoso buscan ser juzgados como individuos más que como miembros de un grupo por la sociedad circundante. Es interesante que el imperativo moral de juzgar en base al mérito individual también fue un tema en el trabajo del escritor decimonónico Michael Beer (véase Kahn 1985, 122), y también es un tema central en el contemporáneo y neoconservador movimiento de intelectuales judíos. Beer fue forzado a disfrazar la identidad de su protagonista como un hindú de casta baja porque era improbable que su audiencia viera positivamente a un protagonista judío.

55. La tesis de Castro es que el rezago económico e intelectual fue un enorme precio que España pagó por su exitosa resistencia a la ideología del mérito individual. Como se señaló en SAID (cap. 1), las ideologías de la mala adaptación pueden desarrollarse en un contexto de conflicto de grupos porque proveen una identidad social positiva social en oposición al grupo externo. Por lo mismo, era improbable que España se moviera hacia una sociedad posilustrada e individualista cuando se sabía que los partidarios del individualismo mantenían alianzas encubiertas hacia un grupo altamente cohesivo.

56. Paul Johnson (1988, 408) es de la opinión de que la iconoclasia judía simplemente aceleraba “cambios que de cualquier manera ya se venían venir. Los judíos eran iconoclastas naturales. Con habilidad y júbilo feroz, al igual que los profetas se dedicaban a golpear y a derribar todos los ídolos de las formas convencionales”.

Esto esencialmente trivializa los efectos de los esfuerzos intelectuales judíos. La postura de Johnson es inconsistente con su propia afirmación de que la emergencia de los judíos en el discurso de los principales movimientos intelectuales “fue un evento de importancia devastadora en la historia del mundo” (págs. 340-341). Johnson no ofrece evidencia alguna sobre su opinión de que los cambios promulgados por los intelectuales judíos eran inevitables. Es sabido que el judaísmo tradicional no promovía la iconoclasia dentro de la comunidad judía (recuérdese el destino de Spinoza y la naturaleza generalmente autoritaria de los controles comunitarios en la sociedad tradicional judía [PTSDA, Ch. 8]). El saber tradicional de los judíos tampoco promovía la iconoclasia. Aunque los estudios talmúdicos sí promueven la argumentación (pilpul; véase PTSDA, cap. 7), estas discusiones fueron realizadas dentro de un espacio estrechamente definido, en donde las suposiciones básicas no eran cuestionadas.

En el mundo posterior a la Ilustración, la iconoclasia judía fue claramente mucho más dirigida a la cultura gentil que al judaísmo, y la evidencia presentada aquí y en los subsecuentes capítulos sugiere que la iconoclasia fue a menudo motivada por la hostilidad hacia la cultura gentil. A partir de la misma historia de Johnson, tanto el marxismo como el sicoanálisis difícilmente habrían surgido en los gentiles, ya que ambas corrientes contienen fuertes matices de pensamiento religioso judío, y yo argüiría que es particularmente difícil que el sicoanálisis hubiera surgido excepto como herramienta en una guerra de la cultura gentil. Los resultados fueron posibles debido al coeficiente intelectual generalmente alto en cuestiones verbales entre los judíos, y a sus habilidades de formar grupos cohesivos: ahora dirigidos a criticar a la cultura gentil más que a comprender la Torá, logrando así un estatus dentro de la comunidad judía.

57. El comentario que se refiere a la “oposición solitaria” es insincera, debido a que desde sus orígenes el sicoanálisis fue caracterizado por una fuerte conciencia grupal que emanaba del núcleo de su membresía. El sicoanálisis mismo cultivó con vigor la imagen de Freud como un solitario héroe y científico que luchó por la verdad en contra de un establishment intelectual prejuicioso. Véase el capítulo 4.

58. Lenz (1931, 675) señala la asociación histórica entre los intelectuales judíos y el lamarckianismo en Alemania, así como sus matices políticos. Cita una declaración “extremadamente característica” del judío intelectual: “que la negación de la importancia racial y de las características adquiridas favorece el odio racial.”

La obvia interpretación de tales sentimientos es que los intelectuales judíos se oponen a la selección natural debido a las posibles implicaciones negativas de estos hallazgos en la política. La sugerencia de que estos intelectuales estuvieran concientes de las diferencias étnicas entre los judíos y los alemanes pero que deseaban negar su importancia por razones políticas es un ejemplo del engaño como aspecto del judaísmo en su estrategia evolutiva (SAID, caps. 6-8).

Por cierto, Lenz señala que el lamarckiano Paul Kammerer, un judío, se suicidó cuando denunciaron su fraude científico en un artículo de la prestigiosa revista británica Nature. (Los puntos negros en las ranas, que supuestamente probarían la teoría lamarckiana, fueron producto de inyecciones de tinta.) Lenz declara que la mayoría de sus conocidos judíos aceptaron al lamarckianismo porque querían creer que podían llegar a ser “transformados en auténticos teutones.” Tal creencia puede ser un ejemplo de engaño, ya que promueve la idea de que los judíos pueden convertirse en “genuinos teutones” simplemente al “escribir libros acerca de Goethe” en palabras del comentarista, a pesar de mantener su separatismo genético.

En una nota (Lenz 1931, 674n), Lenz reprende tanto a los antisemitas como a los judíos de su tiempo; los primeros por no aceptar la gran influencia judía en la civilización moderna, y los últimos por condenar toda discusión del judaísmo en términos de raza. Lenz declara que la oposición judía a la discusión sobre la raza “inevitablemente suscita la impresión de que ellos deben tener una razón para no desear ningún tipo de indagación sobre líneas raciales”. Lenz nota que los sentimientos lamarckianos han llegado a ser menos comunes entre los judíos cuando la teoría fue completamente desacreditada. Sin embargo, dos prominentes e influyentes intelectuales judíos, Franz Boas (Freeman 1983, 28) y Sigmund Freud (véase cap. 4), continuaron aceptando el lamarckianismo mucho después de que hubiera sido completamente desacreditado.

59. Quisiera agradecer a Hiram Caton por sus comentarios y contribuir en la discusión sobre la escuela de Boas en antropología.

60. Aunque Kroeber no es consciente de mantener una agenda política, su educación en un medio judío de izquierdas pudo haber tenido una influencia duradera. Frank (1997, 734) nota que Kroeber se educó en escuelas ligadas al movimiento Cultura Ética, “un vástago del judaísmo reformado” relacionado a los programas de educación de izquierda y caracterizado por la ideología de una fe humanista que abarca a toda la humanidad.

61. Torrey (1992, 60ss) arguye congruentemente que la crítica cultural de Benedict y Mead, así como su dedicación al determinismo cultural, fueron motivados por sus intentos de desarrollar una autoestima como lesbianas. Como se indicó en el capítulo 1, hay varias razones que explican por qué los intelectuales gentiles pueden ser atraídos a movimientos dominados por judíos, incluyendo las políticas de identidad de otros grupos étnicos, o, en este caso, de no conformistas sexuales.

62. Aunque a Freud generalmente se le ve como un “biólogo de la mente” (Sulloway 1979a), y aunque claramente estuvo influenciado por Darwin y propuso un esquema universal sobre la naturaleza humana, el sicoanálisis es muy compatible con las influencias ambientales y el relativismo cultural predicado en la escuela de Boas. Freud veía a la enfermedad mental como el resultado de las influencias ambientales, particularmente la represión de la sexualidad tan aparente en la cultura occidental de su tiempo. Para Freud, lo biológico era universal mientras que las diferencias individuales eran resultado de influencias ambientales. Gay (1988, 122-124) señala que, hasta Freud, la siquiatría estuvo dominada por el modelo médico en donde el trastorno mental tenía una casa física directa (por ejemplo genética).

63. Stocking (1968, 273ss) escribe sobre la declaración de guerra de Boas hacia un grupo de antropólogos que habían contribuido en los menesteres de la Primera Guerra Mundial. La carta de Boas, publicada en el periódico de izquierda The Nation, se refirió al presidente Wilson como un hipócrita y a la democracia americana como un escándalo. El grupo respondió con “patriotismo ultrajado” (Stocking 1968, 275), aunque el conflicto también reflejó el hondo cisma entre la escuela boasiana y el resto de la profesión.

64. Véase también Gelb (1986) para una discusión relevante del involucramiento de H. H. Goddard al realizar pruebas con los migrantes.

65. Más recientemente, Gould (1997) aceptó la idea de que el cerebro humano se hizo grande como resultado de la selección natural. No obstante, afirmó que la mayoría de nuestras habilidades y potencial mental pueden ser propiedades emergentes. Este es presumiblemente un ejemplo de uno de los principios de Alcock (1997) sobre la retórica Gouldian: proteger la propia postura al hacer concesiones ilusorias para dar la apariencia de equidad en el intento de restringir el debate. Aquí Gould concede que el cerebro debe haberse desarrollado dentro de una serie de adaptaciones pero concluye, sin evidencia, que el resultado es en su mayoría una colección de propiedades emergentes. Gould nunca pone un solo ejemplo de adaptación conductual en la mente humana, e incluso va tan lejos al describir como “conjeturas” la proposición de que el gusto humano para el dulce sea innato. En realidad, existe un enorme campo de investigación sobre mamíferos que muestra que el gusto por el dulce es innato (tanto las ratas como las ovejas prenatales incrementan la cantidad de tragar poco después de que la madre es inyectada con dulces; los neonatos humanos son atraídos por las soluciones que saben dulce). Además, las moléculas del cerebro y la localidad cromosomática relacionadas al gusto por los dulces han sido localizados.

66. Como se indica abajo, un cuerpo de investigación sustancial relaciona el tamaño del cerebro con el coeficiente intelectual (CI). Dentro de la perspectiva de Gould, uno podría aceptar estos resultados pero aún así negar que la inteligencia haya sido un importante aspecto en la adaptación humana. Es interesante notar que la propuesta de Gould es incompatible con la tesis básica de este proyecto: que un aspecto fundamental de la estrategia evolutiva judía ha sido un esfuerzo consciente de entablar prácticas eugenésicas orientadas a producir una elite altamente inteligente y elevar la media de inteligencia en la población judía arriba de los niveles de las poblaciones gentiles; y que la inteligencia ha sido un aspecto bastante relevante en la adaptación de los judíos a través de su historia (véase  PTSDA, cap. 7). La postura de Gould sobre la importancia de la inteligencia en la adaptación humana entra así en claro conflicto con la postura de sus ancestros, tan claramente reflejadas en el Talmud y en las prácticas que se llevaron a cabo por siglos. Estas prácticas están indudablemente implicadas en el éxito de Gould como un productivo profesor que se expresa tan bien en Harvard.

67. Después de señalar que decenas de millones de muertes resultaron del comunismo soviético, Richard Pipes (1993, 511) declara: “El comunismo falló porque procedía de la errónea doctrina de la Ilustración, quizá la más perniciosa idea en la historia del pensamiento, que el hombre es sólo un compuesto material, desprovisto de alma o ideas innatas, y, como tal, un producto pasivo de un medio social infinitamente maleable”. Aunque hay mucho en lo que estamos en desacuerdo con esta declaración, capta la idea de que el medioambientalismo radical sirve de ideología subyacente a los regímenes que llevan a cabo asesinatos masivos.

68. Debo señalar que he tenido una considerable contacto profesional con Richard Lerner y que en un tiempo ejerció una influencia importante en mi pensamiento. En los inicios de mi carrera Lerner escribió cartas para recomendarme, tanto cuando solicitaba posiciones académicas como durante el proceso de revisión de mi titularidad después de haber obtenido el empleo.

El rechazo del determinismo biológico es claramente central en la base teórica de mi trabajo en este libro y ha sido, por igual, una característica de mis escritos en el área de la sicología del desarrollo. De hecho, me tomé la molestia de citar el trabajo de Lerner sobre la plasticidad del desarrollo en mis escritos, y el citó algo de mi trabajo sobre el mismo tema en On the Nature of Human Plasticity. También contribuí a dos libros coeditados por Lerner (Biological and Psycho-social Interactions in Early Adolescence y Encyclopedia of Adolescence).

Lo que es más, también he estado influenciado fuertemente por la perspectiva contextualista en la sicología del desarrollo de Urie Bronfenbrenner y Richard Lerner, y he citado varias veces a Lerner en este asunto (véase mi Social and Personality Development: An Evolutionary Synthesis [MacDonald 1988a, cap. 9, y Sociobiological Perspectives in Human Development [MacDonald 1988b]). Como resultado de esta influencia, hice un gran esfuerzo para reconciliar el contextualismo con el enfoque evolutivo. Dentro de esta perspectiva, la estructura social no está determinada por la teoría evolutiva, con el resultado que el desarrollo humano tampoco se encuentra determinado por influencias biológicas. (Por cierto, en el capítulo 9 de Social and Personality Development: An Evolutionary Synthesis muestro cómo el Nacional Socialismo afectó la socialización de los niños alemanes, incluyendo su adoctrinamiento antisemita.) Esta perspectiva teórica sigue siendo central en mi visión del mundo y ha sido descrita en cierto detalle en PTSDA (cap. 1).

69. Las perspectivas antiteóricas no están muertas en antropología. Por ejemplo, el muy influyente Clifford Geertz (1973) llevó la tradición particularista boasiana de la antropología en su rechazo a los intentos de hallar generalizaciones, interpretaciones o leyes hermenéuticas en la cultura humana, en favor de lo subjetivo: sistemas de significado simbólico únicos a cada cultura. Aplicados al presente proyecto, tales perspectivas teóricas podrían, por ejemplo, ponderar en el significado subjetivo religioso de los judíos en el mandamiento del Pentecostés (ser fructíferos y multiplicarse y su temor a la exogamia) más bien que intentar describir los efectos del cumplir esos mandamientos en lo que respecta a las aptitudes de grupo e individuales; la estructura de las poblaciones genéticas de los judíos, el antisemitismo, etcétera.

70. Es interesante que el teórico protonazi Houston Stewart Chamberlain hizo un intento de desacreditar la ciencia debido a su percibida incompatibilidad con sus metas políticas y culturales. Mucho antes de la ideología anticientífica de la Escuela de Frankfurt y el posmodernismo contemporáneo (véase capítulo 5), Chamberlain arguyó que la ciencia era una construcción social y que el científico era un artista dedicado a desarrollar una representación simbólica de la realidad. “Tan fuerte fue su insistencia en la naturaleza mítica de la teoría científica que sustrajo toda posibilidad real de escoger entre un concepto y el otro, abriendo así la puerta para la arbitrariedad subjetiva” (Field 1981, 296).

En lo que creo que es un reflejo exacto de las motivaciones de muchos en el movimiento anticientífico, el subjetivismo de Chamberlain estaba motivado por su creencia de que recientes investigaciones científicas no apoyaban sus teorías raciales sobre la diferencia entre humanos. Cuando la ciencia entra en conflicto con la agenda política, lo más cómodo es desacreditar a la ciencia. Como se dijo en SAID (cap. 5), Chamberlain también fue muy hostil hacia la teoría evolutiva por razones políticas.

Sorprendentemente, Chamberlain elaboró argumentos anti-seleccionistas en oposición al darwinismo que predataba aquellos argumentos similares de la crítica moderna del adaptacionismo tal como los de Richard Lewontin y Stephen Jay Gould, reseñados en este capítulo. Chamberlain veía el énfasis darwiniano en la competencia y la selección natural, aspectos del proceso evolutivo, simplemente como la versión antropocéntrica del siglo XIX, “el dogma del progreso y la perfectibilidad adaptada a la biología” (Field 1981, 298).

71. El tema de la judeidad de Marx ha sido debatido continuamente (véase Carlebach 1978, 310ss). A través de su vida, Marx se asoció tanto con judíos practicantes como con individuos de judeidad ancestral. Lo que es más, él era considerado por otros como judío y sus oponentes continuamente le recordaban su judeidad (véase también Meyer 1989, 36). Como se indica más abajo, tal judeidad impuesta externamente puede haber sido común entre los judíos radicales y seguramente implica que Marx permaneció consciente de ser judío. Como muchos otros intelectuales judíos estudiados aquí, Marx sentía antipatía hacia la sociedad gentil.

Sammons (1979, 263) describe la base de la atracción mutua entre Heinrich Heine y Karl Marx al notar que “no eran reformadores, sino enemigos, y este fue probablemente el mayor lazo entre uno y el otro”. También podría haber una dosis de engaño. Carlebach (1978, 357) sugiere que Marx podría haber visto su judeidad como un lastre, y Otto Rühle (1929, 377) sugiere que Marx–como Freud; véase el cap. 4–llegó incluso a negar su judeidad a fin de prevenir la crítica.

Muchos escritores han enfatizado la judeidad de Marx y han encontrado elementos judíos (p. ej, el mesianismo, la justicia social) en sus escritos. Un tema en los escritos antisemitas (entre los más notables, quizá los escritos de Hitler) fue proponer que Marx había tenido una agenda específicamente judía al propugnar una sociedad mundial dominada por judíos en donde el nacionalismo gentil, la conciencia étnica de los gentiles y las elites tradicionales serían eliminadas (véase Carlebach 1978, 318ss).

72. Asimismo, Levin (1988, 280) señala que algunos activistas de la yevsektsiya claramente se veían a sí mismos promoviendo al nacionalismo judío como compatible con la existencia de la Unión Soviética. “Podría decirse que la yevsektsiya prolongó la actividad judía y ciertos niveles de conciencia judía debido a sus esfuerzos de sacar un nuevo concepto de una judería muy maltratada y traumatizada a través de un costo incalculable”.

73. Una encuesta secreta publicada en 1981 (New York Times, feb. 20) sobre un banco de datos de 1977 indicó que el 78 por ciento de los judíos soviéticos decían que tenían “aversión de que un pariente cercano se casara con un no judío”, y el 85 por ciento “quería que sus hijos o nietos aprendieran yidis o hebreo.” Otros resultados indican un fuerte y continuo deseo de una cultura judía en la Unión Soviética: 86 por ciento de los judíos querían que sus hijos fueran a escuelas judías, y el 82 por ciento propugnaron establecer un periódico en ruso para judíos.

74. Debe señalarse que en 1903 Trotsky declaró en una conferencia del Partido Laboral Ruso Socialdemócrata (la mayor organización unificadora para el socialismo ruso de ese tiempo) que él y otros representantes judíos “nos consideramos representantes del proletariado judío” (en Frankel 1981, 242). Esto sugiere que tanto él alteró su identidad personal o que su comportamiento posterior fue motivado por preocupaciones para evitar el antisemitismo. Trotsky también fue parte del nexo étnico entre el sicoanálisis y el bolchevismo en la Unión Soviética, así como un ardiente entusiasta del sicoanálisis; el cual, como se señaló en el capítulo 4, debe ser considerado un movimiento intelectual judío.

El punto más alto de la asociación entre el marxismo y el sicoanálisis se dio en los años veinte en la Unión Soviética, donde los analistas encumbrados eran bolcheviques partidarios de Trotsky, y se encontraban entre las figuras políticas más poderosas del país (véase Chamberlain 1995). En un trabajo que aún es considerado antisemita por las organizaciones judías (véase nota 22), Igor Shafarevich (1989) señala que Trotsky tenía un director adjunto judío al cual los escritores judíos idolatraban. Cita una biografía de Trotsky en que dice: “Incluso parece que a su modo estaba ‘obsesionado’ con la cuestión judía: escribió sobre ello casi más que cualquier otro revolucionario”.

Shafarevich también describe otros casos de comunistas e izquierdistas judíos que tenían tendencias muy pronunciadas hacia el nacionalismo judío. Por ejemplo, Charles Rappoport, quien sería líder del Partido Comunista Francés, es citado diciendo que “El pueblo judío [es] portador de todas las grandes ideas de unión y comunidad humana en la historia… La desaparición del pueblo judío significaría la muerte de la humanidad, la transformación final del hombre en bestia salvaje” (pág. 34).

75. Comentarios similares continúan como tema en los escritos sobre los judíos en los Estados Unidos contemporáneos. Joseph Sobran (1995, 5) describe a judíos que mantienen fronteras furtivas y tratan falsamente con los gentiles. Raymond Chandler una vez observó que los judíos quieren ser judíos entre ellos pero que resienten ser vistos como tales por los gentiles. Quieren proseguir sus propios intereses y al mismo tiempo pretender que no tienen tales intereses, usando la acusación de “antisemitismo” como espada y como escudo. Como lo dijo Chandler, son como un hombre que rehúsa dar su verdadero nombre y dirección pero insiste que lo inviten a las mejores fiestas. Infortunadamente, es este tipo de judío el que ejerce el mayor poder y tuerce las reglas para los gentiles.

76. Considérese el siguiente comentario acerca de Heinrich Heine, quien fue bautizado pero que mantuvo una fuerte identidad judía: “Cada vez que los judíos eran amenazados—sea en Hamburgo durante los disturbios Hep-Hep, o en Damasco en tiempos de acusaciones de asesinatos rituales—Heine de inmediato sintió la necesidad de solidarizarse con su gente” (Prawer 1983, 762).

77. Los cambios culturales incluyeron la supresión de la ciencia en pro de intereses políticos y la canonización de los trabajos de Lysenko y Pavlov. Si bien el trabajo de Pavlov sigue siendo interesante, a un evolucionista le impresiona la elevación del lysenkoismo a nivel de dogma. El lysenkoismo estaba inspirado políticamente en el lamarckianismo, el cual era útil al comunismo por la implicación de que la gente podía ser biológicamente modificada al cambiar el medio ambiente. Como se indica en el capítulo 2 (véase la nota 1), los intelectuales judíos estuvieron fuertemente apegados al lamarckianismo debido a su utilidad política.

78. Los camaradas “probados” constituyeron una comunidad clandestina en la Polonia anterior a la guerra. Cuando llegaron al poder se aliaron con otros judíos que no habían sido comunistas antes de la guerra.

79. Asimismo, en Inglaterra la efímera Unión Socialista Hebrea fue establecida en 1876 como una asociación específicamente judía. Alderman (1992, 171) comenta que esta sociedad “puso en alto relieve el problema que iban a enfrentar los subsecuentes órganos socialistas judíos y sindicatos: si su trabajo era simplemente actuar como canal a través del cual los trabajadores judíos pudieran entrar a los movimientos de trabajadores ingleses—la anglicanización del proletariado anglojudío—o si había una forma específicamente judía (y anglojudía) de organización laboral y de una filosofía socialista que demandara una articulación separada y autónoma”. Eventualmente, el sindicato comercial judío se estableció, y en casos donde los judíos se habían hecho socios antes de los sindicatos existentes, formaron subgrupos específicamente judíos dentro de los mismos.

80. La siguiente discusión está basada en Liebman (1979, 492ss).

81. Un buen ejemplo es Joe Rapoport, un judío americano radical cuya autobiografía (Kann 1981) muestra la tendencia de los judíos americanos radicales de percibir a la Unión Soviética casi exclusivamente en términos de si era bueno para los judíos. Rapoport tenía una identidad judía muy fuerte y apoyaba a la Unión Soviética porque creía que era, a fin de cuentas, buena para los judíos. En su viaje a Ucrania a inicios de los años treinta enfatizó el entusiasmo judío por el régimen pero no por la muerte de hambre del campesinado ucraniano. Posteriormente mostró gran ambivalencia y resintió haber apoyado las acciones soviéticas que no iban con los intereses judíos. Asimismo, los guionistas judíos del Partido Comunista de Hollywood mantenían una fuerte identidad judía y, al menos en privado, estaban mucho más preocupados por el antisemitismo que por asuntos entre las clases sociales (Gabler 1988, 338).

82. El hombre de negocios estadounidense Armand Hammer tuvo vínculos muy estrechos con la Unión Soviética y sirvió como mensajero al traer dinero de la URSS a Estados Unidos en apoyo al espionaje. Hammer es ilustrativo de las complejidades en la identificación judía con el comunismo y los simpatizantes del comunismo. La mayor parte de su vida negó su pasado judío. Cerca de su muerte volvió al judaísmo y planeó un elaborado bar mitzvah (Epstein 1996). ¿Hemos de tomar en serio sus superficiales negaciones de su herencia judía en tiempos en que lo hacía (Hammer también se retrataba a sí mismo como un unitario al tratar con musulmanes)? O fue toda su vida un criptojudío hasta que, al final, abrazó al judaísmo?

83. Como nota de cuando era un estudiante de filosofía graduado en la Universidad de Wisconsin en los años sesenta, la sobrerrepresentación de judíos en la nueva izquierda, especialmente durante las primeras etapas de protesta contra la guerra de Vietnam, fue algo demasiado obvio para todos; tanto así que, durante una “huelga de enseñanza” contra la guerra fui reclutado para dar una plática en donde tenía que explicar cómo un ex católico de un pequeño poblado de Wisconsin se convirtió a la causa. Los orígenes geográficos (la costa Este) y familiares (judíos) de la inmensa mayoría del movimiento fue, aparentemente, motivo de preocupación.

Se ha observado la práctica de tener voceros gentiles en movimientos dominados por judíos en varias secciones de este libro. Ésta es, asimismo, una táctica común en contra del antisemitismo (SAID, cap. 6). Rothman y Lichter (1982, 81) citan a otro observador de la nueva izquierda en la Universidad de Wisconsin: “Me impresiona la falta de gente que haya nacido en Wisconsin y la preponderancia masiva de judíos neoyorquinos. La situación de la Universidad de Minnesota es similar.” Su corresponsal respondió: “Tal y como lo ves, la izquierda de Madison está constituida por los judíos de Nueva York”.

Mi experiencia personal en Wisconsin durante los años sesenta fue la del movimiento estudiantil de protesta; originado y dominado por judíos, muchos de los cuales eran, como se les llamaba, “bebés de pañales rojos” cuyos padres habían sido radicales. La atmósfera intelectual del movimiento se parecía bastante a la atmósfera del movimiento comunista polaco descrito por Schatz (1991, 117): intensas discusiones pilpul donde la propia reputación como izquierdista dependía de la habilidad de análisis marxista, y a estar familiarizado con el saber intelectual del marxismo: ambos de los cuales requieren grandes cantidades de estudio.

También hubo mucha hostilidad hacia las instituciones culturales de Occidente, como si éste fuera política y sexualmente opresivo, combinado con un omnipresente sentido de peligro y destrucción inminente por las fuerzas de la represión: una mentalidad bunker sobre el propio grupo; la cual, creo, es una característica fundamental de las formas sociales judías. Había una actitud de superioridad moral e intelectual; incluso había desprecio hacia la cultura americana tradicional, particularmente hacia la América rural y más aún la del Sur: actitudes que tienen toda la pinta de varios de los movimientos intelectuales que estudiamos aquí (p.ej., las actitudes de los comunistas judíopolacos hacia la cultura polaca tradicional; véanse también los caps. 5 y 6). También hubo un fuerte deseo de una sangrienta y apocalíptica venganza contra toda la estructura social, vista como habiendo victimando no sólo a los judíos sino a los gentiles por igual.

Estos estudiantes tenían actitudes muy positivas hacia el judaísmo a la vez que actitudes negativas hacia el cristianismo; aunque, y quizá esto sorprenda, en sus mentes el contraste más sobresaliente entre las dos religiones era lo relacionado a la sexualidad. En línea con gran parte de la influencia freudiana de ese período, la tendencia general era contrastar la putativa permisividad sexual del judaísmo con la represión y la gazmoñería del cristianismo, y este contraste se relacionó a los análisis del sicoanálisis que atribuían varias formas de psicopatología—e incluso el capitalismo, el racismo y otras formas de opresión política—a las actitudes cristianas sobre la sexualidad (véase caps. 4 y 5 para una amplia discusión del contexto de este tipo de análisis). La poderosa identificación judía con estos radicales que protestaban en contra de la guerra de Vietnam se contraponía con su intensa preocupación y eventual euforia alrededor de la Guerra de Seis Días de Israel en 1967.

También vale notar que en Wisconsin el movimiento estudiantil idolatraba a algunos profesores judíos, en especial al carismático historiador social Harvey Goldberg, cuyas conferencias que presentaban la visión marxista de la historia social europea cautivaban a una gran audiencia en la sala de conferencias más grande de la universidad; así como otros judíos de izquierda, incluyendo a León Trotsky, Rosa Luxemburgo y Herbert Marcuse (la tendencia de los movimientos intelectuales judíos de estar centrados alrededor de figuras judías altamente carismáticas es aparente en este capítulo y se resume como fenómeno general en el capítulo 6). Estos judíos solían adoptar una actitud de condescendencia hacia otro historiador bien conocido, George Mosse. La judeidad de Mosse era bastante conspicua para ellos, pero se le veía como insuficientemente radical.

84. Paul Gottfried (1996, 9-10), un judío conservador, tiene esto que decir acerca de sus años escolares en el Yale de los años sesenta: “Ya licenciados, todos mis compañeros judíos en la escuela eran ruidosos anti-anti-comunistas. Se oponían al capitalismo imperialista, pero a la vez se mostraban entusiastas belicistas sobre la guerra árabe-israelí de 1967. Un marxista judío conocido mío se enfureció que los israelíes no reclamaran todo el Medio Oriente al final de la guerra. Otro, aunque feminista, se lamentaba que los soldados israelíes no violaran a más mujeres árabes. No sería exageración decir que mis días de licenciado resonaron con histeria judía en una institución donde los anglosajones protestantes parecían contar sólo como decorado”.

85. Véase también Arthur Liebman (1979, 5-11), Charles Liebman (1973, 140), y las críticas de Rothman y Lichter (1982, 112) a Fuchs.

86. El neoconservadurismo americano es específicamente un movimiento político judío, pero no es relevante al argumento de Pipes al aplicarlo a los bolcheviques porque sus proponentes poseen una abierta identidad judía y el movimiento está dirigido a lograr el cumplimiento de intereses judíos: por ejemplo respecto a Israel, la acción afirmativa y las políticas de inmigración.

87. La ortodoxia religiosa también era compatible con la atracción al anarquismo. Alderman (1983, 64) cita a un escritor contemporáneo a efecto de que “los anarquistas lograron tal popularidad que casi se volvió respetable. Un simpatizante podría colocarse sus filacterias en la mañana de una huelga auspiciada por anarquistas, bendecir a Rocker [un líder anarquista gentil], y todavía ir al servicio ortodoxo judío en la tarde”.

88. En el estudio de Rothman y Lichter (1982, 217), el radicalismo entre judíos estadounidenses estaba inversamente relacionado a la ortodoxia judía. Lo que es más, había una mayor grieta entre los estudiantes de corte radical provenientes de hogares afiliados a una denominación judía religiosa (ortodoxa, conservadora, reformista) comparados con el alto radicalismo entre quienes provenían de hogares sin una afiliación judía específica. Estos resultados sugieren una vez más que el radicalismo funcionaba como una suerte de judaísmo secular entre este último y más amplio grupo.

89. Levey (1996), en su estudio de la literatura sobre la atracción de los judíos americanos hacia el liberalismo, rechaza la teoría de Medding (1977): que la conducta política judía es una función de los “intereses micropolíticos de los judíos”. No me persuadió el argumento de Levey. Por ejemplo, Levey sugiere que la amenaza del antisemitismo no puede explicar el porcentaje de judíos que votan por el Partido Demócrata porque el porcentaje de los judíos que ven al Partido Republicano como antisemita es mucho más bajo que el porcentaje que votan Demócrata; y algunos judíos eran Demócratas a pesar de que percibían el antisemitismo en ese partido.

Sin embargo, el antisemitismo observado puede ser sólo una razón por la que los judíos votan contra los republicanos. Como se ha enfatizado aquí, otro interés judío que se ha observado es promover el pluralismo étnico y cultural. Además, como se indica en las citas de Silberman (1985) presentadas en la pág. 84, la mente judía asocia mucho más al Partido Demócrata con el pluralismo (y supongo que el resto de la gente) que con el partido Republicano. Por otra parte, no parece verosímil negar el hecho que los neoconservadores judíos persigan sus propios intereses—especialmente el apoyo a Israel y la promoción de un pluralismo étnico y cultural—dentro del Partido Republicano. Por lo mismo, parece difícil suponer que los judíos que votan Demócrata no estén asimismo prosiguiendo sus intereses étnicos dentro de ese partido.

90. Similarmente, como se indicó en los capítulos 4 y 5, tanto el sicoanálisis como la ideología de la Escuela de Frankfurt le restan importancia a las diferencias étnicas y culturales; se enfrascan en críticas radicales de la cultura gentil cuando, simultáneamente, permiten la continuidad de la identidad judía. Rothman e Isenberg (1974a, 75) señalan que el tema de combinar la hostilidad hacia la cultura gentil con la aceptación de una cultura universal puede verse en el libro de Philip Roth, Portnoy’s Complaint. “Portnoy se considera a sí mismo como un tipo de radical, y desprecia a sus padres por su provincialismo judío y su odio a los cristianos. Supuestamente se identifica con los pobres y desposeídos, pero en su diatriba hacia su analista manifiesta que su identificación está basada, por una parte, en sus sentimientos de inferioridad; y por otra, en su deseo de ‘echarse a los gentiles’”.

91. Conocido por su talento como orador y su brutalidad hacia los contrarrevolucionarios, Lev Zinoviev fue un estrecho allegado a Lenin, y mantuvo diversos y muy visibles puestos en el gobierno soviético. Moisei Solomonovich Uritsky fue el brutal jefe de la Checa en Petrogrado.

92. La sobrerrepresentación de judíos en la revolución bolchevique ha sido una gran fuente de antisemitismo desde la revolución, y fue prominente en los escritos nazis sobre los judíos (p. ej., Mein Kampf). El período subsecuente al colapso del comunismo en la Unión Soviética suscitó una controversia respecto al grado e importancia del papel jugado por los judíos en engendrar y mantener la revolución, frecuentemente con fuertes matices de antisemitismo. En su libro de 1982 Russophobia, Igor Shafarevich, un matemático y miembro de la prestigiosa Academia Nacional Americana de Ciencias (NAS por sus siglas en inglés), arguyó que los judíos eran hostiles a la cultura rusa, y cargaban con la responsabilidad de la Revolución Rusa (véase Science 257, 1992, 743; The Scientist 6[19], 1992, 1). La NAS le pidió a Shafarevich que renunciara a su cargo en la academia, lo cual rehusó a hacer. Véanse también los comentarios de Norman Podhoretz’s (1985) sobre el antisemitismo latente de Aleksander Solyenitsin.

93. Similarmente, Himmelstrand (1967) señala que los Ibo en Nigeria eran los más acérrimos partidarios de que un gobierno nacionalista constituyera de todas las tribus. Sin embargo, cuando fueron desproporcionadamente exitosos en esta nueva forma no tribal de organización social, hubo un violento contragolpe hacia ellos, por lo que intentaron abandonar el gobierno nacional en favor de establecer su propia tierra natal tribal.

94. La composición étnica de la mesa directiva de Psychoanalytic Quarterly es abrumadoramente judía, lo cual sugiere que el sicoanálisis sigue siendo un movimiento fundamentalmente judío. El editor, seis o siete de los editores asociados, y 20 de 27 miembros de la mesa editorial en el volumen de 1997 tienen apellidos judíos.

95. El continuo papel del sicoanálisis en el movimiento de la liberación sexual puede verse en un reciente debate sobre la sexualidad adolescente. Un artículo de Los Angeles Times (feb. 15, 1994, A1, A16) señaló la oposición de la Unión Americana de Libertades Civiles y Planificación Familiar a un programa escolar que defendía el celibato adolescente. Sheldon Zablow, un siquiatra y vocero de esta causa, aseveró: “Estudios repetidos muestran que si tratamos de reprimir los sentimientos sexuales éstos pueden salir más tarde en formas más peligrosas—abuso sexual, violación” (p. A16). Esta fantasía sicoanalista fue exacerbada por la afirmación de Zablow de que la abstinencia sexual nunca ha funcionado en toda la historia humana: un alegato que muestra su ignorancia en cuestiones históricas y en la conducta sexual en Occidente (incluyendo la conducta sexual judía), al menos desde la Edad Media hasta el siglo XX (p. ej., Ladurie 1986). No estoy consciente de ninguna sociedad humana estratificada y tradicional–ciertamente no las sociedades musulmanas–que haya optado por el punto de vista que era imposible e indeseable prevenir la actividad sexualidad adolescente, especialmente el de niñas. Como lo señaló Goldberg (1996, 46): “Dentro del mundo de las organizaciones liberales como la ACLU, la influencia judía es tan profunda que los no judíos a veces borran la distinción entre ellos y la comunidad judía formal”.

96. Algo que también sugiere engaño es que dos miembros judíos del comité secreto de Freud, Otto Rank y Sandor Ferenczi, hayan alterado sus nombres para no parecer judíos (Grosskurth 1991, 17).

97. Rank tenía una muy fuerte identidad judía, y veía a las presiones de asimilación que emanaban de la sociedad alemana en ese período en términos muy negativos: como algo “moral y espiritualmente destructivo” (Klein 1981, 130). Rank también tuvo una actitud positiva hacia el antisemitismo y hacia las presiones de asimilarse porque promovían el desarrollo de movimientos redentores tales como el sicoanálisis. “Rank creía que la reacción de los judíos ante las amenazas de represión externas e internas los motivaba a preservar su relación con la naturaleza, y, en el proceso, ganar conciencia sobre esa relación especial” (Klein 1981, 131). Rank, cuyo nombre original era Rosenfeld, parece haber sido un criptojudío una parte de su vida. Adoptó un nombre no judío y se convirtió al catolicismo en 1908 al entrar a la Universidad de Viena. En 1918 se reconvirtió al judaísmo con el fin de ingresar a un matrimonio judío.

98. Adler “abiertamente cuestionó la tesis fundamental de Freud de que un desarrollo sexual temprano es decisivo para la construcción del carácter” (Gay 1988, 216-217), y abandonó el complejo de Edipo, la sexualidad infantil, el inconsciente y la etiología sexual de las neurosis. En lugar de ello, Adler desarrolló sus ideas sobre la “inferioridad de órgano” y la etiología hereditaria de los rasgos de carácter “anales”. Adler fue un ávido marxista y activamente intentó crear una síntesis teórica en donde la teoría sicológica sirviera a metas sociales utópicas (Kurzweil 1989, 84).

Freud llamó las ideas de Adler “reaccionarias y retrógradas” (Gay 1988, 222) presumiblemente porque, desde el punto de vista de Freud, la revolución social prevista por el sicoanálisis dependía de ideas organizadoras. Las acciones de Freud respecto a Adler son perfectamente comprensibles en vista de que la versión analítica “diluida” de Adler destruiría la versión de su mentor como una crítica radical de la cultura occidental.

Similarmente, Jung fue expulsado del movimiento cuando desarrolló ideas que denigraban la centralidad de la represión sexual en la teoría freudiana. “El más acuciante desacuerdo de Jung con Freud, patente a través de toda su correspondencia como un subtexto ominoso, estriba en lo que alguna vez Freud llamara la incapacidad de Jung para definir la libido. Una vez traducido, esto significaba que Jung rehusaba a aceptar el término freudiano: que la libido no sólo causaba impulsos sexuales sino que era una energía mental en general” (Gay 1988, 226; véase también Grosskurth 1991, 43).

Al igual que Adler, Jung rechazaba la etiología sexual de las neurosis, la sexualidad infantil y el complejo de Edipo. Asimismo, al igual que Adler, y a diferencia de las teorías freudianas más fundamentales, en Jung la idea de la libido, restringida a deseos sexuales, era de poco uso al desarrollar una crítica radical de la cultura occidental. En cambio, la teoría de Freud, tal como la presenta, depende de la fusión del deseo sexual con el amor. Lo que es más, Jung desarrolló un punto de vista en que la experiencia religiosa era vital para la salud mental. Freud, en contraste, permaneció hostil a la creencia religiosa (vale mencionar que Gay [1988, 331] escribe sobre el “ateísmo pugilístico de Freud”).

Como se ha dicho en este capítulo, central a lo que uno podría llamar la patologización de Freud del cristianismo se encuentra la opinión de que la creencia religiosa no es nada más que una reacción para eludir los sentimientos de culpa sobre un evento edípico primario, o como dice en El futuro de una ilusión, meros sentimientos infantiles de indefensión. Por lo mismo, una función central de Tótem y Tabú parece ser el combatir “todo lo que sea religioso-ario” (en Gay 1988, 331): un comentario que de plano nos ilustra la agenda de Freud de desacreditar no sólo a la religión en particular, sino que revela el alcance en que él veía a su trabajo como un aspecto de competencia entre grupos étnicos.

99. Es notable que uno de los primeros miembros del movimiento sicoanalítico, Ludwig Braun, creyera que Freud era “genuinamente judío” y que el ser judío significaba, entre otras cosas, que uno “tuviera la determinación y coraje de combatir u oponerse al resto de la sociedad, su enemigo” (Klein 1981, 85).

100. Como sicoanalista, Gay se imagina un mensaje erótico detrás del significado superficial de agresión y hostilidad hacia la cultura occidental.

101. Otras interpretaciones sicoanalíticas del antisemitismo como una patológica reacción gentil frente a la superioridad judía ocurrieron durante ese período. En 1938 Jacob Meitlis, un analista del Insitito de Ciencia Yiddish (YIVO por sus siglas en inglés), declaró: “Nosotros los judíos siempre hemos sabido cómo respetar los valores espirituales. Preservamos nuestra unidad a través de ideas, y debido a ellas hemos sobrevivido hasta este día. Una vez más, nuestra gente se enfrenta a tiempos oscuros que requieren de todos nuestros esfuerzos para preservar, incólumes, toda cultura y ciencia durante las presentes tormentas” (en Yerushalmi 1991, 52). El antisemitismo aquí es conceptualizado como el precio que pagan los judíos por cargar el peso de ser los creadores y defensores de la ciencia y la cultura (otras teorías sicoanalíticas del antisemitismo se discuten abajo, y en el capítulo 5).

102. Nathan de Gaza elaboró una base intelectual para el malogrado movimiento mesiánico sabateano del siglo XVII.

103. De manera similar al movimiento francés sicoanalítico de mediados de los sesenta, “las proposiciones del sicoanálisis ‘lingüístico’ se convirtieron en postulados, de manera que nadie podía ya cuestionar si una disposición de sentirse a salvo realmente podía esconder una estructura inconsciente de vulnerabilidad. La mayoría de los franceses intelectuales aceptaron que tanto el pensamiento consciente como el inconciente era organizado de acuerdo a estructuras lingüísticas” (Kurzweil 1989, 245).

104. La imputación de motivos egotistas es particularmente interesante. Como se dijo en el capítulo 6, todos los movimientos intelectuales judíos estudiados en este libro son fundamentalmente movimientos colectivistas que demandan una sumisión autoritaria hacia la figura de autoridad. La motivación egotista es, por tanto, incompatible con esos movimientos. Tales movimientos sólo prosperan sometiendo los intereses personales a los del grupo. En el capítulo 6 argüiré que la ciencia es esencialmente una empresa individualista donde existe una lealtad mínima hacia el grupo excluyente.

105. Fritz Wittels ubica el deseo de una “estricta organización” de discusiones entre Freud, Ferenczi y Jung en un viaje de 1909 a los Estados Unidos. “Creo que hay buena razón para suponer que discutieron la necesidad de una estricta organizaron para el movimiento sicoanalítico. De ese día en adelante Freud no volvió a considerar al análisis como una rama de la ciencia pura. La política del análisis había iniciado. Los tres viajeros hicieron votos de fidelidad mutua, aceptando unir sus fuerzas para defender su doctrina contra todo tipo de peligro” (1924, 137).

106. Wittels (1924, 143-144) habla de una interpretación sobre un recurrente sueño de Monroe Meyer, un estudiante de sicoanálisis; sueño en que Meyer siente el peligro de ahogarse después de comer un gran pedazo de bistec. La interpretación favorecida por Wittels es la de Stekel, quien señaló: “Parece que el bistec representa el indigeridle análisis. Mi desafortunado colega está compelido seis veces por semana a tragar una sabiduría que amenaza sofocarlo. El sueño es una manera en que su resistencia interna al análisis asegura su expresión”. Independientemente de lo que uno pueda pensar de esa interpretación, el comentario de Wittel sugiere que, incluso en los años veinte, algunos discípulos devotos de la comunidad analítica se percataron de un peligro: que el sicoanálisis podría fácilmente convertirse en una forma de lavado del cerebro.

107. Este fallo de comprender la naturaleza igualitaria de las costumbres sexuales en Occidente se percibía en la vigorosa oposición de Heinrich Heine a la moral sexual burguesa del siglo XIX. Como Freud, Heine veía a la emancipación sexual como un asunto de liberarse de las restricciones impuestas por una cultura occidental opresiva y demasiado espiritual. Sammons (1979, 199) señala, sin embargo, que “en la clase media, la licencia sexual se ha considerado desde hace mucho como una característica de vicio aristocrático, mientras que la disciplina sexual y el respeto a la virtud femenina estaban asociados a la virtud burguesa. Al andar a contra corriente de esos tabúes, Heine corría el riesgo de ser percibido no como un emancipador, sino temperamentalmente como un aristócrata, y la resistencia que generó no se restringía de forma alguna al público conservador”. De hecho, la preocupación de los varones de clase media y baja de controlar la conducta sexual de la clase alta fue una característica prominente en el discurso decimonónico sobre el sexo (véase MacDonald 1995b,c). Algunos individuos ricos se beneficiaron mucho más que sus inferiores con la relajación de las costumbres sexuales tradicionales.

108. Los cuatro judíos en la elite de intelectuales en este estudio que aparentemente no fueron influenciados por Freud fueron Hanna Arendt, Noam Chomsky, Richard Hofstadter e Irving Kristol. De éstos, sólo Noam Chomsky podría ser considerado como alguien cuyos escritos no fueron fuertemente influenciados por su identidad judía, y, específicamente, por intereses judíos. Tomados en conjunto, el legado sugiere que la escena intelectual estadounidense ha estado significativamente dominada por intereses judíos específicos, y que el sicoanálisis ha sido una importante herramienta para promover tales intereses.

109. Por ejemplo, el influyente libro de Norman O. Brown, Life against Death: The Psychoanalytical Meaning of History (1985; originalmente publicado en 1959), acepta del todo el análisis de Freud sobre la cultura tal como se delinea en Civilization and Its Discontents. Según Brown, la doctrina freudiana más importante es la de la represión de la naturaleza humana, especialmente la represión de buscar el placer. Esta neurosis causada por la represión es una característica universal de los humanos, pero Brown alega que la historia intelectual de la represión se originó en la filosofía y religión occidentales. En términos altamente reminiscentes de algunos de los primeros socios de Freud, Brown señala a un futuro utópico en donde existe una “resurrección del cuerpo” y una completa liberación del espíritu humano.

110. Es interesante que Kurzweil (1989) diga que el sicoanálisis era central en la crítica cultural tanto en Estados Unidos como en Francia, pero que el papel del marxismo en el análisis critico difería en los dos países. En los Estados Unidos, donde el marxismo era anatema, los críticos combinaron a Marx con Freud; mientras que en Francia, donde el marxismo estaba mucho más arraigado, el sicoanálisis fue combinado con el lingüismo estructural. El resultado fue que “en ambos países las afirmaciones radicales del sicoanálisis estaban basadas en la oposición a los discursos teóricos familiares aceptados y a los prejuicios existentes” (pág. 244).

111. Como otro ejemplo, Kurzweil describe un proyecto en donde el personal de tiempo completo de veinte sicoanalistas falló en alterar las tendencias antisociales de diez criminales endurecidos a través de un programa de rehabilitación. El fallo fue atribuido a la dificultad de revertir el efecto de las experiencias tempranas, y hubo llamados de aplicar un sicoanálisis preventivo a todos los niños alemanes.

112. Parte de esto fue la práctica consciente de autocensura a fin de remover el lenguaje marxista de sus publicaciones; de manera que, por ejemplo, el “marxismo” se reemplazó por “socialismo” y “medios de producción” por “aparato industrial” (Wiggershaus 1994, 366). Así la sustancia marxista permaneció; aunque, por medio de este engaño, el Instituto podía intentar distender acusaciones de dogmatismo político.

113. Marcuse permaneció un ardiente comunista después de que Adorno y Horkheimer abandonaran el comunismo. En un documento interno del Instituto de 1947, Marcuse escribió, “Los partidos comunistas son, y serán, la única fuerza antifascista. Denunciarlos debe ser puramente teórico. Tales denuncias se hacen conscientemente del hecho de que el cumplimiento de la teoría es sólo posible a través de los partidos comunistas” (en Wiggershaus 1994, 391). En el mismo documento Marcuse promulgó la anarquía como mecanismo para lograr la revolución. No obstante, Marcuse y Horkheimer nunca cesaron de tener contacto entre sí, y Horkheimer fue un admirador de libro de Marcuse Eros y la civilización (Wiggershaus 1994, 470) como un reflejo de la posición del Instituto de que la represión sexual resultaba en dominio sobre la naturaleza y que acabar con esa represión debilitaría las tendencias destructoras.

114. La tesis general de Dialectic of Enlightenment es que la Ilustración reflejaba el intento occidental de dominar la naturaleza y suprimir la naturaleza humana. El fascismo era así visto como la encarnación final de la Ilustración, en tanto que esta representaba la apoteosis del dominio y del uso de la ciencia como instrumento de la opresión. Desde esta perspectiva, el colectivismo fascista es el vástago lógico del individualismo occidental: una perspectiva fantasiosa, por decir lo menos. Como dijimos en PTSDA (cap. 8), la naturaleza colectivista del fascismo no ha sido una característica de las organizaciones políticas en Occidente. Más que cualquier otro grupo cultural, las culturas occidentales han tendido hacia el individualismo, desde el mundo grecorromano en la antigüedad.

En contraste, el judaísmo es paradigma de una cultura de grupo orientado al colectivismo. Como lo dijo Charles Liebman (1973, 157), fueron los judíos quienes “buscaron las opciones de la Ilustración pero rechazaron las consecuencias” por medio de—por decirlo con mis palabras—mantener un fuerte sentido de identidad en una sociedad nominalmente dedicada al individualismo. Y como argüimos en SAID (caps. 3-5), no hay buena razón para suponer que la presencia de los judíos como un exitoso grupo en cuanto a estrategias evolutivas fuera condición necesaria para el desarrollo de prominentes ejemplos de colectivismo en Occidente.

115. El estilo filosófico de Adorno es virtualmente impenetrable. Véase la humorística, aunque válida, disección de Karl Popper (1984) sobre la vacuidad pretenciosa del lenguaje de Adorno. Piccone (1993) sugiere que la difícil prosa de Adorno era necesaria para camuflar su intención revolucionaria.

116. La visión de que todos los males modernos—incluyendo el Nacional Socialismo, el colectivismo, la rebelión adolescente, la enfermedad mental y la criminalidad—se deben a la supresión de la naturaleza, incluyendo la naturalaza humana, también es patente en Eclipse of Teason de Horkheimer (1947, 92ss). En un pasaje que directamente se conforma a las perspectivas sicoanalíticas discutidas en el capítulo 4, se dice que la supresión de la naturaleza inicia desde el nacimiento:

Cada ser humano experimenta el aspecto dominante de la civilización desde su nacimiento. Para el niño, el poder del padre le parece abrumador; sobrenatural en el sentido literal de la palabra. Las órdenes de los padres son una inexorable fuerza espiritual. Van más allá de la naturaleza. El niño sufre al someterse a esa fuerza. Es casi imposible para un adulto recordar todas las punzadas que experimentó de niño al seguir las incontables admoniciones de no sacar su lengua, no imitar a otros, no estar desaliñado u olvidarse de lavar sus oídos. En tales demandas el niño es confrontado con los postulados fundamentales de la civilización. Al niño se le fuerza a resistir la presión inmediata de sus impulsos; a diferenciar entre él mismo y el medio; a ser eficiente—en suma, por decirlo en términos freudianos, a adoptar un superyó que abarque todos los llamados principios que los padres y otras figuras paternales le imponen (págs. 109-110).

117. En un comentario que predata la tesis de La personalidad autoritaria, que los antisemitas no son introspectivos, Horkheimer y Adorno declaran que el antisemitismo no es simple proyección, sino una proyección sin reflexión. Los antisemitas no tienen vida interior y, por lo mismo, tienden a proyectar sus odios, deseos e insuficiencias sobre el medio: “El mundo exterior es investido con su propio contenido” (pág. 190).

118. Como una muestra de la identificación autoconsciente en el judío de la Escuela de Frankfurt, Horkheimer atribuyó la reticencia de los teóricos de Frankfurt de “nombrar al otro” al cumplimiento del tradicional tabú judío de nombrar a Dios o de describir el paraíso (véase Jay 1980, 139).

119. Los teóricos de Frankfurt heredaron una fuerte oposición al capitalismo de sus previas y radicales creencias. Irving Louis Horowitz (1987, 118) señala que los llamados críticos teóricos estaban “atrapados entre la Drimia del capitalismo—la cual despreciaban como sistema de explotación (cuyos frutos sin embargo gozaban)—y la Escila del comunismo: que también despreciaban como un sistema peor de explotación (aunque, a diferencia de sus contrapartes rusojudíos, no comieron de sus amargos frutos)”.

120. Una interesante característica del material de esa sección de La personalidad autoritaria es un intento de demostrar la irracionalidad del antisemitismo por medio de mostrar que los antisemitas mantienen creencias contradictorias acerca de los judíos. Como se señaló en SAID (cap. 1), de las creencias antisemitas no necesariamente se espera que sean ciertas, o incluso lógicamente consistentes. Sin embargo, La personalidad autoritaria exagera la naturaleza autocontradictoria de las creencias antisemitas al enfatizar su naturaleza irracional y proyectiva. Así, Levinson declara que es contradictorio que los individuos crean que los judíos tienen mentalidad de clan y sean, por tanto, distantes; así como la creencia que los judíos deben ser segregados y restringidos (pág. 76). Similarmente, en otro libro de la serie Studies in Prejudice Ackerman y Jahoda (1950, 58) proponen que son contradictorias las actitudes antisemitas acerca de que los judíos forman un clan y son distantes.

El estar de acuerdo en estas cosas no es autocontradictorio. Tales actitudes son probablemente un componente común en el proceso reactivo discutido en SAID (caps. 3-5). Los judíos son vistos por estos antisemitas como miembros de un grupo fuertemente cohesivo que intentará penetrar los círculos gentiles de poder y los altos estatus sociales, quizá incluso socavando la cohesividad de los grupos gentiles, al mismo tiempo de mantener su propio separacionismo y espíritu de clan. La creencia de que los judíos deben ser restringidos es coherente con esta actitud.

Lo que es más, la objeción de que los estereotipos negativos sobre los judíos que han probado ser contradictorios, tales como que son capitalistas y comunistas (Ackerman y Jahoda 1950, 58), puede aplicarse por los antisemitas a grupos diferentes de judíos, y estos procesos estereotípicos pueden tener algo de verdad: los judíos pueden estar sobrerrepresentados entre los capitalistas exitosos y entre los líderes políticos radicales. Como se dijo en SAID (cap. 2), hubo realmente algo de verdad en la idea que los judíos estaban desproporcionadamente propensos a ser políticos radicales y capitalistas exitosos. “Desde la emancipación de los judíos en adelante, los judíos han sido culpados tanto de buscar integrarse a una sociedad establecida; entrar a dominarla, y, al mismo tiempo, tratar de destruirla completamente. Ambos cargos tenían un elemento de verdad” (Johnson 1988, 345).

Levinson también señala que la escala reclusiva incluye declaraciones tales como: “Los judíos millonarios pueden hacer algo que ayude a su gente, pero poco de su dinero va a causas americanas”, mientras que la escala intrusiva incluye cuestiones contradictorias como: “Cuando los judíos crearon grandes fondos para la investigación educativa o científica (Rosenwald, Heller, etc.), se debía al deseo de fama y señalamiento público más que a un sincero interés científico”. Uno puede fácilmente afirmar la primera declaración como regla general y consistentemente creer que las excepciones resultan del interés propio entre judíos. Sin embargo, Levinson concluye: “Una de las principales características de los antisemitas es una hostilidad relativamente ciega que se refleja en el estereotipo, la autocontradicción y la destructividad en la forma en que ven a los judíos” (pág. 76).

También se dice que los antisemitas se oponen al espíritu de clan y a la asimilación judías, y que desean que los judíos “se liquiden a sí mismos, que pierdan del todo su identidad cultural y que se adhieran en su lugar a las culturas prevalentes”. Al mismo tiempo,

“los judíos que intenten asimilarse son al parecer más sospechosos que los otros. Se hacen acusaciones de ‘entrometimiento’, ‘afán de poder’ e ‘imitación’ y las acciones aparentemente generosas de los judíos se atribuyen a ocultos motivos egoístas… No hay base lógica para solicitar, por una parte, que los judíos se vuelvan como cualquier otro y, por otra, que se limiten y se les excluya en las áreas más importantes de la vida social” (pág. 97).

Esta es una extraña interpretación de los hechos. Fácilmente uno podría propugnar que un grupo foráneo se asimile pero, al mismo tiempo, señalar que el mismo mantiene actitudes negativas en el presente espíritu de clan y de conductas que buscan el poder. Una vez más, las investigaciones sobre identidad social y teoría evolutiva no predicen que los individuos mantendrán creencias verdaderas o intrínsicamente consistentes acerca de un grupo foráneo, como los judíos. Levinson, no obstante, claramente rebasa los hechos en su intento de representar al antisemitismo de manera enteramente irracional.

121. Véase también la discusión en SAID (cap. 6) sobre las estrategias de la Liga Antidifamación (ADL por sus siglas en inglés) que combaten al antisemitismo por medio de hacer declaraciones que reflejan algo de los judíos como paradigmas de actitudes antisemitas. Mayer (1979, 84) señala que los judíos ortodoxos están muy preocupados de vivir en una área que tenga una suficientemente alta concentración de judíos, y Lowenstein (1983) muestra que éstos continúan viviendo en concentradas áreas en Alemania después de la emancipación. Véase también Glazer y Moynihan (1970) para información similar acerca de los judíos estadounidenses.

122. Se dice que el conservadurismo y el etnocentrismo político son difíciles de separar, como se indica en la siguiente cita de Political and Economic Conservatism Scale (PEC, por sus siglas en inglés): “Los Estados Unidos no son perfectos, pero la forma americana de vivir nos ha traído lo más cerca a ello dentro de lo posible para los seres humanos”. Levinson comenta: “El apoyar esta idea es, al parecer, expresar conservadurismo político-económico y la idealización del propio grupo tan característica del etnocentrismo” (pág. 181).

Aquí, como en el caso de la discusión sobre la escala etnocéntrica misma, los individuos que fuertemente se identifican con un grupo mayoritario y sus intereses son vistos como algo patológico. De hecho, la escala PEC no estaba muy correlacionada con la escala F, tal como estaba la escala E (escala etnocéntrica): un hallazgo que Adorno tendenciosamente interpretó no como indicativa de que estos conceptos no estaban altamente relacionados, ¡sino que indicaban que “estamos viviendo en tiempos potencialmente fascistas” (pág. 656)! Como se señala en la conclusión de este capítulo, la alta correlación entre las escalas F y E fue un asunto de diseño más que un hallazgo empírico.

123. Los autores de La personalidad autoritaria mantienen una vehemente postura moral en contra del etnocentrismo y del conservadurismo político. Levinson señala, por ejemplo, que “El Sindicato Marítimo Nacional… puede enorgullecerse de haber sido ranqueado hasta abajo [en la escala etnocéntrica]” (pág. 196).

124. Se ha señalado que la información de la entrevista de Frenkel-Brunswik sufre de serias dificultades metodológicas “desde el comienzo hasta el final” (Altemeyer 1981, 37; véase también R. Brown 1965, 514ss). Hay problemas de generalizaciones ya que el 40 por ciento entero, la puntuación más alta de los entrevistados varones (8 de 20), eran presos en la prisión de San Quentin; y 2 eran pacientes de un hospital siquiátrico al momento de las entrevistas (tres de los 20 que salieron con bajas puntuaciones eran de San Quentin, y 2 de la clínica siquiátrica). Como señaló Altemeyer (1981, 37), este tipo de ejemplo obviamente presenta problemas de generalización aun si concedemos la posibilidad de que es más probable que quienes salieran con alta puntuación estuvieran en prisión. Sin embargo, el problema es mucho menos aparente en las entrevistas a mujeres. Quienes salieron con alta puntuación eran principalmente estudiantes y trabajadoras sociales en el sector salud, aunque 3 de 25 eran pacientes siquiátricas.

Altemeyer (1988, 37) señala que los entrevistados de San Quentin eran “la espina dorsal” de los resultados estadísticamente significativos que separaban las puntuaciones alta y baja. Además de este método de inflar el nivel de significación estadística por medio de incluir a sujetos altamente no representativos, también hubo una fuerte tendencia a discutir los resultados como si estuvieran basados en diferencias estadísticas significativas cuando, en realidad, las diferencias no lo eran (Altemeyer 1988, 38).

También se ha mostrado que la puntuación en la escala etnocéntrica está negativamente asociada con el coeficiente intelectual (CI), la educación, y el estatus socioeconómico en mucho mayor grado que lo que se encontró en el grupo de Berkeley (Hyman & Sheatsley 1954). El bajo estrato socioeconómico y su correlativo bajo CI y en educación pueden resultar en etnocentrismo porque tales individuos no han sido socializados en el medio universitario, y porque es más probable que las presiones económicas—es decir, la competencia por recursos—resulten en identificaciones grupales dentro de las clases sociales bajas. Esta última perspectiva encaja bien con la investigación de identidad social y con los hallazgos generales en otro volumen de la serie Studies in Prejudice: Prophets of Deceit (Lowenthal & Guterman 1970).

125. Los extractos [citados aquí en la nota 125 en la versión original en inglés; no las traducimos] indican que estos individuos tuvieron actitudes muy positivas acerca de sus padres (págs. 340 & 342).

126. Hay más ejemplos de resentimientos contra los padres de parte de sujetos que ranquearon alto, los cuales sugieren claramente que una relación se ve generalmente como positiva donde un padre con reglas estrictas las hace obedecer. Así, un sujeto altamente punteado dice acerca de su padre: “No puedo decir que no lo quiero… pero no me dejaba tener citas románticas a los dieciséis. Tenía que quedarme en casa” (pág. 348). El material de la entrevista de una mujer también ranqueada alta (F78) muestra que “sus padres definitivamente aprobaron la relación; la sujeto ni siquiera salía con nadie si a los padres no les gustaba el pretendiente” (pág. 351). Una vez más, a estos sujetos se les etiqueta como víctimas de sus padres. La suposición parece ser que cualesquier crítica de la conducta del hijo de parte de sus padre, independientemente de lo razonable que sea, estaba destinada a resultar en enormes niveles de hostilidad suprimida y agresión de parte del hijo.

127. Esta idea de que la rebelión contra los valores de los padres y la autoridad es un signo de salud mental también puede verse en la teoría del sicoanalista Erik Homberg Erikson (1968). Erikson proponía que el desarrollo más importante en la vida adolescente era la crisis de identidad y que cruzarla era un prerrequisito necesario para un funcionamiento sicológico sano en el adulto. No obstante, la evidencia indica que la adolescencia no es el tiempo normativo de una rebelión contra los padres, sino que tal rebelión se asocia con relaciones hostiles en una familia.

Lo interesante aquí es que la investigación sobre los procesos de identidad en la adolescencia no apoya la idea de que los adolescentes que acepten los valores adultos muestren signos de desordenes mentales. Los sujetos que más se les ve como patológicos en La personalidad autoritaria se les llama sujetos de “ejecución” en el trabajo de Marcia (1966, 1967). Estos sujetos no han experimentado una crisis de identidad, sino que han aceptado obligaciones de otros individuos, generalmente sus padres, sin cuestionarlos.

Las familias de tales sujetos tienden a estar centradas en el hijo y a conformarse (Adams, Gullotta, & Markstrom-Adams 1994). Matteson (1974) encontró que los hijos participaban en un “romance” con sus familias, y Muuss (1988) resume la evidencia señalando que estos sujetos están muy cerca y se sienten bien valorados por sus padres. El grado de control es intermedio: no son demasiado duros ni demasiado limitados, y tales individuos perciben a sus padres como figuras de apoyo. Tal y como las ven los sicólogos del desarrollo, las relaciones paternofiliales de estos individuos aparecen ser autoritarias, aunque producen un desarrollo óptimo en el hijo. Marcia y Friedman (1970) encontraron que las mujeres de este tipo tenían una alta autoestima y baja ansiedad, y Marcia (1980) resume varios estadios mostrando que otras mujeres de esa clase estaban bien adaptadas. Por lo tanto, no hay razón para suponer que los adolescentes que acepten valores de sus padres estén sufriendo, de una manera u otra, de una psicopatología.

Por el contrario, los individuos que tienen muy pobres relaciones paternofiliales [Nota del traductor: yo habría escrito: los individuos que fueron maltratados por sus padres — véase mi otro blog] tienden a ser clasificados en una categoría de “identidad difusa”, es decir, individuos que fallarán completamente en desarrollar una identidad. Las relaciones paternofiliales muy negativas son características entre esos sujetos (Adams, Gullotta, & Markstrom 1994), y parecen conducir a una mínima identificación con los valores e ideologías de los padres. A los padres de tales individuos se les ha descrito como “distantes, indiferentes y no involucrados” (Muuss 1982; véase también Marcia 1980), y tales individuos no parecen aceptar los valores de sus padres. Incluso hay evidencia de que los individuos con identidad difusa se encuentran en riesgo de trastorno mental.

128. Otros ejemplos: F71: “Ahora soy el favorito de mi [papá]… Hará todo por mí: me lleva a la escuela y me llama” (pág. 354). M47: “Bien, supongo que ella [madre] siendo tan buena y amistosa con todos, especialmente conmigo. (¿Por ejemplo?) Bueno, siempre trata de hacer todo para mí. Muy raramente va a la ciudad sin traerme algo” (pág. 354). M13: “La mayor parte de su atención [del padre] hacia nosotros los niños fue muy admirable. Es muy honesto, tanto así que no aprobará que paguemos las cuentas. Se le conoce a lo largo de todo el país como un hombre cuya palabra es de fiar. Su mayor contribución fue negarse el placer de cuidarnos de chicos” (pág. 354).

En la sección “Imagen de la Madre: Sacrificio, Moralismo, Restricciones”, las madres que salieron altamente ranqueadas eran personas que hacían muchos sacrificios por sus hijos y a la vez tenían un fuerte sentido de buena conducta, el cual intentaban inculcar en sus hijos. M57: “Era una mujer que trabajaba mucho, nos cuidaba de niños; nunca nos maltrató de ninguna manera”. M13: “Mi madre estaba enferma en su cama por largo tiempo. Dedicó sus últimas fuerzas a nosotros de niños”. M47: “Ella siempre me enseñaba la diferencia entre el bien y el mal, las cosas que debería hacer y las que no”.

129. Otros típicos comentarios de los altamente ranqueados son los siguientes: M58: “Si había cualquier conflicto entre madre y padre, no lo sabía.” F24: “Mis padres se llevaban bien—nunca discrepaban—casi nunca. Sólo sobre tonterías lo hacían. Discreparon verbalmente una vez después de tomar vino sobre quién legó al final. Tonterías como esas”. F31: “Mis padres se llevaron muy bien uno con el otro, hasta ahora—¡toco madera! Discutían, pero nunca con seriedad debido a la personalidad alivianada de mi madre”.

130. Otros comentarios típicos de los que salieron ranqueados bajo son los siguientes: M15: “Mi madre acusa a mi padre de ‘tenerla controlada’, que habla mucho sobre sus ambiciones. Pero madre cree que ella va primero. No quiere ir a ninguna iglesia. Sigue sospechando que padre permite a otra cantante estar adelante de ella. Discuten mucho, lo que me molesta. Padre ha amenazado algunas veces con irse”. M50: “Mi padre era temperamental y ambos de mis padres tenían muchas disputas familiares”. M55: “Mi madre seguía la línea moralizadora de mi padre, aunque no era tan dura como él, y no era un muy buen matrimonio. Mi madre se debió de haber casado con alguien mucho más humano y probablemente habría estado mucho mejor… Bueno: es difícil imaginar a mi padre con alguien con quien pudiera llevarse”.

131. Asimismo, cuando un sujeto no reporta agresión de su padre en la Prueba de Apercepción Traumática, los resultados son interpretados como indicadores de una agresión reprimida de parte del padre porque la única agresión en las historias se hace por personajes que el sujeto rechaza. Una imaginería agresiva no relacionada al padre es presentada como evidencia de agresión transferenciada del padre.

132. Otro caso de preocupación por el estatus social entre los altamente ranqueados es el de F79, quien viene de una familia adinerada, dueña de un aserradero, un campamento maderero, y otros negocios: “Es un aserradero de mediano tamaño pero no tengo idea de sus ingresos (del padre). Desde luego, siempre estuvimos en escuelas particulares y vivimos en zonas residenciales. En ____ teníamos canchas de tenis y caballos. Tuvimos que empezar todo de nuevo al llegar a este país. Vivíamos en una bonita casa pero no podíamos pagarla. Nos costó mucho trabajo ingresar a los círculos sociales. En ____ nos sentimos seguros y nos adaptamos. Aquí vivimos al mismo nivel de ansiedad. Papá y mamá han escalado socialmente… y a mí no me interesa gran cosa” (pág. 384). Como esta persona no parece preocuparse por el estatus social, uno podría preguntarse por qué el protocolo de esas pruebas dio tal puntuación.

133. Los ejemplos de “antimoralismo” del ello entre las mujeres altamente ranqueadas incluye lo siguiente: F22: “El sexo no es lo más importante en mi mente, de ninguna manera… Me siento y me la paso mejor excluyendo el interés sexual”. F31: “Creo que una muchacha debe ser amigable, pero no me gusta el besuqueo detrás de las cámaras. Un chico y una chica sólo deben ser amigos” (pág. 396).

Los varones altamente ranqueados parecen valorar el recato sexual de las mujeres con las que tratan de casarse. M6: “Me gusta una chica que sea sensata y que pueda hablar de varios temas. No me gustan del tipo de Maizie y Flo, o las muñecas de plástico baratas”. M14: “Quiero una chica cuyo único interés esté en el hogar”.

134. Entre quienes puntuaron alto, otros casos en que el comportamiento adaptativo y discriminatorio al buscar pareja Frenkel-Brunswik considera patológico son los siguientes: F71: “Buen muchacho. El padre escritor, el abuelo secretario del Canal _____. Muy acaudalada familia pero no tiene la ambición que necesito. Yo sólo tengo que ver más motivación; alguien que no tenga que depender en mí. Siento que si me fuera él se colapsaría… Otro chico aquí lo tiene todo, excepto que no es del tipo que piensa… Tengo que encontrar a alguien que no sea egoísta”. F22: “Voy a buscar (entre otras cosas) a la persona que tenga los valores que me apoyen. Quisiera casarme con alguien que, por ejemplo, vaya a tener una profesión: quizá un doctor” (pág. 401).

135. Los otros dos ejemplos que se dan como actitudes “patológicas” entre las mujeres son las siguientes:

F32: “Bien, creo que la sociedad en la que vivimos la gente joven pierde mucho por no casarse en la iglesia de su fe. Pierden la reverencia por el matrimonio, y no conocen el verdadero significado del voto matrimonial cuando se hace comercialmente (en el registro civil). Creo que cuando la gente se casa en una iglesia—y por eso no quiero decir una pomposa boda—tienen una de las más bellas experiencias de sus vidas… Lo que la iglesia puede enseñar es a escoger”. (Ella se refiere principalmente a escoger entre lo correcto y lo equivocado, aunque también a escoger los propios amigos.) “En el grupo de la iglesia uno encuentra el tipo adecuado de gente joven; no el tipo que vaguea al borde del lago por la noche”. (pág. 403)

F78: “Fue amor a primera vista. Tenía el pelo castaño, ojos café, dientes blancos. No era guapo pero bien aliñado; bella sonrisa y se relaciona bien. Fácil de llevarse con él pero con voluntad propia. Es muy gracioso y se interesa en todo. Ya terminó la preparatoria y ahora es un mecánico en la tripulación del Transporte Naval Aéreo. Quiere meterse a algo que tenga que ver con la línea mecánica. Antes de la guerra era aprendiz de la industria automotriz”. (La vocación de su esposo no importaría. Cree que su novio tiene buenas posibilidades de llevarse con ella indefinidamente. Le gustaría una profesión, “algo de clase media”.)

136. Se dice que quienes puntuaron alto se jactaron de “autoglorificación” por decir cosas como la siguiente: F71: “Niño nervioso debido a las operaciones mastoides… terribles tiempos al inicio de la escuela… temor de los compañeros… Este es el primer semestre del kindergarten; para el segundo ya era líder. Pienso sobre uno de los mejores atractivos de mi postura, que aprendí al moverme tanto” (pág. 425).

F38, comentando sobre vencer la parálisis infantil: “Siempre he tenido una disposición fácil, así como he sido honesto con mi familia. Aprecio lo que han hecho por mí. Siempre he tratado de encontrar una manera en que no fuera una carga para ellos. Nunca he querido ser un inválido sino que he sido digno de confianza en la situación, y alegre, y estoy seguro de que nunca hice sentir mal a nadie por mi limitación. Quizá una de las razones por la que soy alegre es debido a esa limitación. Tuve que usar una escayola en mi pierna desde mis cuatro años” (pág. 425). (El sujeto sigue describiendo su fidelidad y felicidad marital, así como las buenas relaciones con su familia.)

Sólo una interpretación extremadamente perversa de esta información—una interpretación hecha posible por la teoría sicodinámica—podría resultar en suponer que estos individuos son poco menos que heroicos en su capacidad de vencer su minusvalidez y haber logrado vidas productivas.

137. Estas tendencias se confirman en el material proyectivo del capítulo XV. Los que puntuaron bajo aparecen una vez más como llenos de conflictos, ansiosos y llenos de culpa (págs. 550, 562). “Se identifican con el desamparado” (pág. 566) y tienen un “fuerte sentido del fracaso, de autoculparse, indefensión o impotencia” (pág. 562). Buscan relaciones estrechas y al mismo tiempo atribuyen sentimientos de hostilidad y grosería a otros (pág. 551).

138. Al mantener esta falta de rigor científico sobre la base de datos, Adorno no provee información sobre cómo llegó a estos tipos o qué proporción de sujetos encaja en las diversas categorías. En el caso del “genuino liberal” hay discusión sobre un sujeto.

139. Es interesante que inmediatamente después de expresar la legitimidad moral de la competencia libre entre judíos y gentiles, el “genuino liberal” diga: “¡Quizá si los judíos obtuvieran poder liquidarían a la mayoría! Esa no sería una buena jugada porque la contestaríamos” (pág. 782). El sujeto claramente ve a los judíos no como individuos sino como un grupo potencialmente cohesivo y amenazador.

140. Similarmente, en otro tomo de la serie Studies in Prejudice Bettelheim y Janowitz (1950) encontraron que algunos de los sujetos antisemitas eran rebeldes e inhibidos.

141. Gottfredson (1994) también señala que en los medios y en la opinión pública persiste la idea de que, culturalmente hablando, las pruebas de inteligencia son tendenciosas y que no tienen que ver con el rendimiento en la vida—a pesar que desde hace tiempo estas ideas han sido desacreditadas por los investigadores de la inteligencia.

142. Lo mismo puede decirse del trabajo de Margaret Mead, del que hablamos en el capítulo 2. A pesar del hecho de que al llegar a este punto cualquier persona razonable debe asumir que su trabajo es, cuando menos, altamente cuestionable, el mismo continúa apareciendo prominentemente en muchos textos universitarios. Mead estuvo en la junta consultiva del proyecto Instituto Antisemita, el cual produjo La personalidad autoritaria.

143. Varios autores han hallado evidencia de una dimensión de autoritarismo general cuya actitud hacia la autoridad está divorciada de etnocentrismo, el cual frecuentemente incluye el autoritarismo de derecha (p. ej., Bhushan 1982; Ray 1972). Altemeyer (1994) señala que los individuos autoritarios en Norteamérica y la Unión Soviética bajo el comunismo mantenían actitudes autoritarias que perfectamente las reflejaban, estos últimos por medio de apoyar la “línea dura” del comunismo. En Studies on Authority and the Family (el intento original de la Escuela de Frankfurt en que se relacionaba las relaciones familiares con el autoritarismo) era imposible que un individuo fuera clasificado de autoritario si él o ella declaraba que el socialismo mejoraría la situación del mundo y que el capitalismo causaba hiperinflación. “La posibilidad de que alguien pudiera permanecer fiel al Partido Comunista o a su programa y que, sin embargo, fuera autoritario fue por lo tanto excluida” (Wiggershaus 1994, 174).

144. Arts and Humanities Citation Index de 1996 listaba aproximadamente 375 citas de Adorno, 90 de Horkheimer y 550 de Walter Benjamin. Una búsqueda de las bibliotecas de la Universidad de California en abril de 1998 bajo el encabezado “Escuela de Frankfurt” listaba 41 libros publicados desde 1988, y más de 200 sobre la Teoría Crítica.

145. Considérese la declaración del influyente posmodernista Jean-François Lyotard (1984, 8): “El derecho a decidir qué es verdad no es independiente del derecho a decidir qué es justo”. En la mejor tradición de la Escuela de Frankfurt, Lyotard rechaza la informatización científica como totalitaria porque reemplaza la informatización tradicional de la cultura por medio de universales científicos.

Como con Derrida, la solución de Lyotard es legitimizar todas las narrativas, pero el proyecto principal es intentar prevenir lo que Berman (1989, 8) llama el desarrollo de “una narrativa maestra institucionalizada”—el mismo proyecto deconstructivo que se originó con la Escuela de Frankfurt. Sobra decir que el rechazo de la ciencia se hace completamente a priori—en la mejor tradición de la Escuela de Frankfurt.

146. Señalé brevemente la ideología antioccidental de Claude Lévi-Strauss en el capítulo 2 (págs. 22-23). Es interesante que Derrida “deconstruyera” a Lévi-Strauss acusándolo de reactivar la visión romántica de Rousseau sobre las culturas no occidentales y por lo tanto haciendo una serie de presupuestos existenciales injustificados, según el escepticismo radical de Derrida. “En respuesta a las críticas a los filósofos de la conciencia de Lévi-Strauss, Derrida contestó que ninguno de ellos… había sido tan ingenuo como Lévi-Strauss por concluir precipitadamente en favor de la inocencia y bondad original de los nambikwara [tribu africana]. Derrida vio el punto de vista libre de etnocentrismo de Lévi-Strauss como un etnocentrismo inverso, con posiciones políticas étnicas acusando a Occidente de ser inicialmente el responsable, a través de la escritura, de la muerte del habla inocente” (Dosse 1997 II, 30). Estos comentarios son sintomáticos de los cambios inaugurados por el posmodernismo dentro del zeitgeist intelectual corriente. Mientras que las previas críticas a Occidente de los boasianos y los estructuralistas idealizaron las culturas no occidentales y vilipendiaron a Occidente, la tendencia más reciente es, supongo, expresar un escepticismo omnipresente sobre conocimientos de cualquier tipo, por las razones delineadas en este capítulo (págs. 166, 201) y el capítulo 6.

147. Me percaté del interesante relato de Borowitz (1973) sobre el autoengaño judío, The Mask Jews Wear: Self-Deceptions of American Jewry, demasiado tarde como para incluirlo en el capítulo 8 de SAID. Es un buen tratamiento de las complejidades de la identidad judía en el mundo posterior a la Ilustración, aunque con autoengaños propios como equiparar al etnocentrismo judío con la moral aplicada.

148. Raab está asociado a la ADL y es director ejecutivo emérito del Instituto Perlmutter para el Apoyo Judío en la Universidad Brandeis. También es columnista en el Jewish Bulletin de San Francisco. Entre otros de sus trabajos es coautor, junto con Seymour Martin Lipset, de The Politics of Unreason: Right-Wing Extremism in America, 1790-1970 (Lipset & Raab 1970), un volumen en una serie de libros sobre el antisemitismo en Estados Unidos patrocinado por la ADL y discutido en el capítulo 5. Lipset es considerado como un miembro de Intelectuales de Nueva York, discutido en el capítulo 6.

149. Lo que es más, una honda preocupación de que unos Estados Unidos étnica y culturalmente homogéneos comprometerían los intereses judíos puede verse en los cometarios de Silberman sobre la atracción de los judíos al

partido Demócrata… con su tradicional hospitalidad por grupos no anglosajones… Un distinguido economista que estaba en fuerte desacuerdo con las políticas económicas de Mondale votó por él a pesar de ello. “Observé las convenciones en televisión”, explicó, “y los republicanos no se parecen a mi gente”. La misma reacción condujo a muchos judíos a votar por Carter en 1980 a pesar de que les disgustaba. “Preferiría vivir en un país gobernado por las caras que vi en la convención Demócrata que las que vi en la convención Republicana”, un autor conocido me dijo [Silberman, 1985, 357-348].

150. El sionista estadounidense Maurice Samuel, aunque condenó la ley de inmigración de 1924 como racista (véase pág. 240), desarrolló bastantes ideas raciales por sí mismo. Samuel escribió un conocido trabajo, You Gentiles (1924), que contiene una declaración muy clara de las diferencias biológicas y del abismo infranqueable entre gentiles y judíos:

Aunque ustedes y nosotros estemos de acuerdo en todos los principios fundamentales… aun así permaneceremos fundamentalmente distintos. El lenguaje de nuestra expresión externa es similar, pero el lenguaje de nuestros significantes internos es diferente… El instinto sobrevive eras glaciares; las religiones se desarrollan con las civilizaciones. (pág. 28) La diferencia entre nosotros es abismal. (pág. 30)

Esta diferencia en conducta y reacción se desprende de algo mucho más ferviente y serio que una diferencia en nuestro equipo biológico (pág. 34). Hay dos tipos de vida, cada una completamente ajena a la otra. Cada una tiene su lugar en el mundo—pero no pueden florecer en el mismo suelo; no pueden permanecer en contacto sin antagonismo. Aunque para la vida en sí cada camino es perfecto en su esencia, uno respecto al otro son enemigos (pág. 37).

El influyente activista judíoamericano en pro de la inmigración Louis Marshall también tuvo un fuerte apego al judaísmo que él veía como una raza. Dijo: “Como sabes, no son soy sionista, ciertamente no un nacionalista. Soy… alguien que se enorgullece de la literatura, historia, las tradiciones y las contribuciones espirituales e intelectuales que el judaísmo ha hecho al mundo, y al envejecer los sentimientos de amor y reverencia por la cuna de nuestra raza se incrementa con intensidad” (en Cohen 1972, 107). El comentario es otro ejemplo de identificación judía y obligación grupal que incrementan con la edad (véase PTSDA, cap. 7 nota 27).

151. Restriction of Immigration, Sesión ante el Comité de Inmigración y Naturalización de la Casa de Representantes, Congreso 68, 1ª sesión, enero 5, 1924, 571.

152. Véase Reconquista!: The Takeover of America (Los Angeles: California, Coalición para la Reforma Migratoria, 1997).

153. Declaración del Congreso Judíoamericano, Sesión Conjunta ante los Subcomités de los Comités Judiciales, Congreso 82, 1ª sesión, en S. 716, H.R. 2379, y H.R. 2816. Marzo 6 a abril 9, 1951, 391.

154. Ibíd., págs. 402-403.

155. La ADL continúa siendo uno de los principales promotores de la diversidad en la educación a través de su instituto Un Mundo Diverso (www.adl.org, junio de 1998). Desde 1985 el instituto ha entrenado a más de 230,000 maestros de escuela primaria y secundaria en la diversidad y ha conducido talleres sobre el tema y programas de instrucción para los trabajadores y estudiantes universitarios en los Estados Unidos. El entrenamiento de maestros también ha sido instituido en Alemania y en Rusia.

156. Aunque los negros fueron incluidos en el crisol de la pieza teatral, Zangwill (1914) parece haber mantenido actitudes ambiguas hacia el matrimonio entre blancos y negros. En una posdata escribió que, en general, los negros tienen menos intelecto y ética pero también tuvo esperanzas de un futuro en donde los negros superiores se casaran con los blancos.

157. Restriction of Immigration (op. cit.), págs 309, 303.

158. Ibídem, pág. 341.

159. Por ejemplo, en el senado los debates de abril 15-19, 1924 sobre la superioridad nórdica no fueron mencionados por ninguno de los proponentes de la legislación pero sí por los siguientes oponentes a la misma: Senadores Colt (pág. 6542), Reed (pág. 6468), Walsh (pág. 6355). En los debates de la Casa de Representantes de abril 5, 8 y 15, virtualmente todos los oponentes a la legislación plantearon la cuestión de la inferioridad racial, incluyendo los representantes Celler (págs. 5914s), Clancy (pág. 5930), Connery (pág. 5683), Dickstein (págs. 5655s, 5686), Gallivan (pág. 5849), Jacobstein (pág. 5864), James (pág. 5670), Kunz (pág. 5896), LaGuardia (pág. 5657), Mooney (págs. 5909s), O’Connell (pág. 5836), O’Connor (pág. 5648), Oliver (pág. 5870), O’Sullivan (pág. 5899), Perlman (pág. 5651), Sabath (págs. 5651, 5662) y Tague (pág. 5873).

Varios representantes (p. ej., los republicanos Dickinson [pág. 6267], Garber [págs. 5689-5693] y Smith [pág. 5705]) contrastaron las características positivas de los migrantes nórdicos con las características negativas de los migrantes más recientes sin distinguir razones genéticas de las ambientales como posibles causas. Conjuntamente con otros, señalaron que los más recientes migrantes no se habían asimilado y que tendían a apiñarse en áreas urbanas. El representante Allen argumentó que existe “la necesidad de purificar y de mantener pura la sangre de los Estados Unidos” (pág. 5693). El representante McSwain, quien mantuvo la necesidad de preservar la hegemonía nórdica, no lo hizo en base a la superioridad nórdica sino en base a los propios y legítimos intereses étnicos (págs. 5683ss, véanse también los comentarios de los republicanos Lea y Miller). El republicano Gasque llamó la atención a un artículo de periódico que discutía cómo la raza que construyó América sería barrida (pág. 6270).

160. Restriction of Immigration, sesión ante el Comité de Inmigración y Naturalización de la Casa de Representantes, Congreso 68., 1ª sesión, enero 3, 1924, pág. 351.

161. Similarmente, la migración de los judíos de Europea oriental a Inglaterra después de 1880 tuvo un efecto transformador en las actitudes políticas de la judería británica en la dirección del socialismo, los sindicatos de comercio y el sionismo, frecuentemente combinados con la ortodoxia religiosa y la devoción a estilos de vida altamente separatistas (Alderman, 1983, 47ss). Mientras más las organizaciones judías luchaban para combatir la bien fundada imagen de los migrantes judíos como sionistas y radicales religiosos en cuestiones políticas, rehusaban ser reclutados en las fuerzas armadas de la Primera Guerra Mundial a fin de luchar contra los enemigos del gobierno zarista, oficialmente antisemita (Alderman, 1992, 237ss).

162. Sesión ante el Comité de Inmigración y Naturalización, Casa de Representantes, mayo 24 a junio 1, 1939: “Resoluciones Conjuntas para Autorizar la Admisión a los Estados Unidos un Número Limitado de Niños Alemanes Refugiados”, pág. 1.

163. Ibídem, pág. 78.

164. Ibídem, pág. 140.

165.  Declaración del Congreso Judíoamericano, Sesión Conjunta ante los Subcomités de los Comités Judiciales, Congreso 82, 1ª sesión, en S. 716, H.R. 2379, y H.R. 2816. Marzo 6 a abril 9, 1951, pág. 565.

166. Ibídem, pág. 566. Véase también la declaración del rabí Bernard J. Bamberger, presidente del Consejo Sinagoga de América, y la declaración del Congreso Judíoamericano, págs. 560s.

167. Declaración de Will Maslow representando al Congreso Judíoamericano, Sesión Conjunta ante los Subcomités de los Comités Judiciales, Congreso 82, 1ª sesión, en S. 716, H.R. 2379, y H.R. 2816. Marzo 6 a abril 9, 1951, pág. 394.

168. Sesión Conjunta ante los Subcomités de los Comités Judiciales, Congreso 82, 1ª sesión, en S. 716, H.R. 2379, y H.R. 2816. Marzo 6 a abril 9, 195, págs. 562-595.

169. Ibídem, pág. 410.

170. Ibídem, pág. 404.

171. Asimismo, en Inglaterra en 1887 la Federación de Sinagogas Menores fue creada por los judíos británicos para moderar el radicalismo de los migrantes recién llegados de Europa Oriental. Esta organización también estuvo involucrada en engaños y en distorsionar deliberadamente el grado en que los migrantes mantenían actitudes políticas radicales (Alderman 1983, 60).

172.  Sesión Conjunta ante los Subcomités de los Comités Judiciales, Congreso 82, 1ª sesión, en S. 716, H.R. 2379, y H.R. 2816. Marzo 6 a abril 9, 1951, pág. 563.

173. Handlin también contribuyó con varios artículos a las reseñas de Partisan Review, la revista insigne de los intelectuales de Nueva York. Al reflejar su enraizada postura sobre el pluralismo cultural, en una reseña de 1945 declaró: “Simplemente no puedo captar qué significa el ‘americanismo’ que descansa sobre la noción de que ‘un grupo social constituye una nación en tanto que sus miembros son una mente’” (Handlin 1945, 269).

174. Asimismo, L. C. Pogrebin (1991) describe cómo llagó a ser todo un personaje en los orígenes del movimiento feminista y su eventual desencanto resultante del abierto antisemitismo de las mujeres del “tercer mundo”, lo cual fue patente en las conferencias intencionales, y en la falta de celo de parte de las mujeres occidentales en condenar tales desplantes. Como muchos judíos de izquierda, Pogrebin eventualmente desarrolló ideas híbridas en donde el ideal feminista se combinaba con un profundo compromiso con la cultura judía.

175. Los neoconservadores respondieron que tales cargos eran antisemitas. Por ejemplo, Russell Kirk declaró: “algunos neoconservadores prominentes tomaron a Tel Aviv como la capital de los Estados Unidos”, un cargo que Midge Decter etiquetó como “una mentada opinión antisemita” (véase Judis 1990, 33). Véanse también los comentarios de Norman Podhoretz (1986) sobre los cargos de Joseph Sobran de que la política estadounidense exterior está determinada por un poderoso grupo de presión que coloca los intereses de Israel arriba de los estadounidenses, y que utiliza al ejército de Estados Unidos para perseguir intereses militares israelíes.

Por otra parte, algunas veces los neoconservadores le han pedido a los judíos que no condenen a la derecha religiosa americana en tanto que ésta apoya a Israel (p. ej., Kristol 1984). Esto ha ocurrido a pesar de los indicios de antisemitismo en la derecha religiosa. Así, Lind (1995a) llama nuestra atención al apoyo neoconservador a Pat Robertson (p. ej., Decter 1994). Robertson ha denunciado públicamente el papel de las organizaciones judías en socavar la visibilidad pública del cristianismo; el dar sus votos a candidatos liberales, y sobre su papel en los medios al atacar al cristianismo (véase Lind 1994a, 22). Robertson (1991) también ha presentado una teoría conspirativa internacional en donde los judíos ricos (p. ej., los Rothschilds, Paul Warburg) jugaron un prominente papel en la situación. Citando material anecdótico, Lind (1995b, 67) sugiere que la tolerancia neoconservadora a tales manifestaciones de antisemitismo en el movimiento religioso americano está motivado por el hecho de que ese movimiento ha apoyado a la derecha israelí.

176. La caracterización de Ryan sobre Herrnstein es reminiscente de la caracterización de Gal (1989, 138) sobre Louis Brandeis: “Brandeis se preocupaba acerca de las oportunidades; de preservar un tipo de sociedad en donde las personas ambicionas y talentosas pudieran, a través del trabajo duro y de sus capacidades, hacer fama y fortuna”. Brandeis, un líder sionista, jugó un papel decisivo en usar la investigación de las ciencias sociales para litigar cuestiones sociales: una tendencia que culminó en la decisión Brown v. Board of Education (Urofsky 1989, 144). Roberts y Stratton (1995) detallan la conducta poco ética del juez de la Suprema Corte, Felix Frankfurter (un protegido de Brandeis), y de Philip Elman (abogado del Departamento de Justicia) al arribar a tal decisión.

177. Aunque sin lugar a dudas había brechas entre teoría y realidad en la societas Christiana medieval, creo que es completamente inadecuado concebir los logros sociales de la Edad Media en estos términos. Una vez más, mantengo el ejemplo medieval de la sociedad francesa durante el reinado de San Louis (1226-1270) (véase SAID, apéndice al cap. 5). Louis tenía una fuerte preocupación en desarrollar una sociedad justa que preservara las relaciones jerárquicas aunque a la vez intentó asegurar que las relaciones económicas y políticas fueran armoniosas entre su pueblo, y hay pocas dudas de que fue básicamente exitoso en sus esfuerzos (p. ej., Richard 1992). En contrapunto, George Mosse representa una perspectiva de la ideología dominante cuando contrasta lo que describe como irracional y místico en los intelectuales del Volkische en los movimientos dominados por judíos de izquierdas del período. Estos últimos son descritos como racionales, científicos y que basan sus posturas en altos valores (véase Mosse 1970, 171ss).

178. Tales políticas sociales representan lo opuesto para el judaísmo histórico y sólo podrían conducir a que la sociedad entera decline a largo plazo. He notado que un componente crítico del judaísmo como estrategia evolutiva de grupo ha sido la práctica eugenésica dirigida a la inteligencia, la diligencia y la buena parentela. Esta prácticas han resultado en que los judíos estén altamente calificados para participar en las sociedades cada vez más tecnológicas e instruidas del mundo contemporáneo. Similares propuestas eugenésicas dirigidas a fortalecer la habilidad competitiva del grupo también fueron comunes entre los gentiles del siglo XIX e inicios del XX, y tales propuestas han sido recientemente revividas por Seymour Itzkoff (1991) y Richard Lynn (1996).

La teoría e información disponible en la actualidad sustenta la idea de que los procedimientos eugenésicos no sólo no resultarían en un grupo más competitivo, sino en una sociedad mucho más armoniosa por el declive en criminalidad y trastornos mentales. Las prácticas eugenésicas pueden verse que encajan en la tradición occidental, en tanto que las sociedades occidentales tradicionales, si bien son mucho más igualitarias que otra sociedad humana estratificada, también se han caracterizado–hasta recientemente–por una asociación moderada entre el éxito social y el éxito reproductivo (MacDonald 1995c).

179. El problema fundamental, como lo documentan extensivamente Herrnstein y Murray (1994) y Rushton (1995), es que hay 15 puntos de diferencia de coeficiente intelectual (CI) entre el típico caucásico y los afroamericanos, combinado con la brecha en que estos últimos se caracterizan desproporcional-mente por parentela pobre y alta fertilidad. Hay evidencia de que estas grandes diferencias grupales en CI y estrategia reproductiva son genéticamente influenciados. En todo caso, no pueden ser cambiados significativamente con cualquier tipo de tecnología conductual conocida.

Estas diferencias grupales han resultado en una fuerte tendencia de los afroamericanos a adoptar una estrategia política de promover programas que efectivamente expandan la clase baja al mismo tiempo de favorecer ayudas sociales para asegurar que su grupo estará proporcionalmente representado en ocupaciones de las clases altas. El resultado ha sido una escalada de competencia de recursos grupales en los Estados Unidos, análoga a las consecuencias del judaísmo histórico en Occidente pero que surge de una estrategia evolutiva muy distinta. Es una situación que en el presente representa la amenaza más peligrosa e irradicable al ideal occidental de una jerarquía armoniosa.

180. Mosse (1970, 174) describe los movimientos dominados por judíos del período de Weimar como buscando “activamente que la sociedad correspondiera a la imagen preconcebida de los hombres y del mundo”. Y Horowitz (1993, 62) señala sobre T. W. Adorno que “mientras más distante estaba la gente de sus sueños políticos, menos consideración mostraba por las masas… [Adorno] planeta el escenario para una cultura fascista de izquierdas… que suponga que lo que la gente cree está mal; y que lo que debieran creer, como diseñado por un estrecho estrato de una elite y su aparato cultural, es lo esencialmente correcto”. Por su parte, el Volkische y los intelectuales conservadores que propugnan por una sociedad basada en una jerarquía armoniosa hablan de un retorno a lo que quizá es una versión idealizada de las sociedades que existieron, particularmente la medieval.

181. Un muy interesante análisis de los apegos humanos en las mascotas de las sociedades modernas es que este fenómeno representa sistemas que se han desarrollado para subyacer estrechas relaciones humanas (Archer 1997). Mucha gente forma apegos extremadamente estrechos hacia las mascotas, tomándoles fotos y llorando por sus muertes; celebrando cumpleaños, etcétera, y gastando considerables recursos económicos en ello.

Desde una perspectiva evolutiva, esa conducta presumiblemente es mal adaptativa (al menos en ausencia de los primordiales beneficios sicológicos). De cualquier modo, representa explotación de los animales, y es razonable suponer que quienes lo hacen podrían a su vez ser explotadores en otros aspectos de la vida. El fenómeno es mucho más característico en Occidente comparado con otras sociedades (Archer 1997). Esto encaja bien con la visión de que el amor romántico y los apegos son más típicos en las sociedades occidentales, e ilustra cómo un sistema altamente adaptativo en ámbitos ancestrales puede resultar en mal adaptativo en ámbitos lejanos a como los occidentales se desarrollaron.

Acerca del autor

Kevin MacDonald es profesor de sicología en la Universidad del Estado de California en Long Beach, Long Beach, CA 90840-0901, USA. Su investigación se ha enfocado en las perspectivas evolutivas de la historia y en la sicología del desarrollo. Después de su maestría en biología evolutiva obtuvo su doctorado en ciencias bioconductuales en la Universidad de Connecticut, trabajando en el desarrollo conductual en los lobos. Continuó su investigación del desarrollo en un postdoctorado en la Universidad de Illinois, investigando el juego entre padres e hijos. Su investigación se ha enfocado en el desarrollo de las perspectivas evolutivas en el área de la sicología del desarrollo. También ha escrito cuatro libros, Social and Personality Development: An Evolutionary Synthesis (NY: Plenum, 1988) y A People that Shall Dwell Alone: Judaism as a Group Evolutionary Strategy (Westport, CT: Praeger, 1994), Separation and Its Discontents: Toward an Evolutionary Theory of Anti-Semitism (Westport, CT, 1998), y The Culture of Critique: An Evolutionary Analysis of Jewish Involvement in Twentieth-Century Intellectual and Political Movements (Westport, CT, 1998).

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